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Cinco reflexiones sobre cómo formar seguidores de Cristo en el mundo actual
En una reciente reunión de líderes de Alpha celebrada en nuestra iglesia, alguien preguntó: «¿Cómo puede ser relevante un ministerio en la cultura actual?». Creo que interpreté esa pregunta así: «¿Cómo podemos generar de manera efectiva seguidores de Cristo de manera relevantes para el día de hoy?». Los cambios culturales, la saturación digital y las expectativas generacionales han transformado el panorama del ministerio. Sin embargo, seguir ayudando a la gente a encontrar y seguir a Jesús sigue siendo nuestra misión. El llamado de Jesús de «ir y hacer discípulos» no ha cambiado, pero el entorno en el que cumplimos esa misión sí lo ha hecho.
Me gustaría compartir cinco reflexiones sobre cómo discipular de forma eficaz en el mundo actual. Las dos primeras son observaciones sobre el estado de nuestra cultura, y las tres últimas son sugerencias sobre cómo ejercer nuestro ministerio de forma relevante en esta cultura.
1. Estamos siendo moldeados por la variabilidad y fluidez digital de nuestra cultura.
Vivimos en una era de rápida transformación digital. Las plataformas cambian. Las tendencias cambian. Todo el mundo tiene voz Y todo el mundo le está vendiendo algo. ¿Cuál es el resultado? La gente está saturada de contenido y ya no sabe qué es verdadero.
Las noticias, las opiniones e incluso los hitos personales se desarrollan en tiempo real, enmarcados por algoritmos y sesgos filtrados. No solo consumimos contenidos, sino que estos nos moldean. Y justo cuando nos hemos adaptado a una plataforma (¿recuerdas Facebook?), surge una nueva que exige más tiempo y atención.
Por qué es importante: El discipulado de hoy en día debe abrirse paso a través del ruido. No podemos limitarnos a añadir más información a la ya existente; debemos ofrecer algo real, relacional y arraigado en la verdad.
2. A pesar de estar más «conectados» que nunca, la gente está hambrienta de relaciones auténticas.
La gente puede estar conectada y participar en un sinfín de conversaciones, pero carece de autenticidad y de una verdadera comunidad. Por ejemplo, mi hija adoptiva lloró la pérdida de nuestro perro sin recurrir a familiares o amigos cercanos, sino publicando en internet y recibiendo un pésame breve y superficial. Ella devoraba esos mensajes, pero no satisfacían su profunda necesidad de consuelo y verdadera compasión.
Esta es la paradoja del presente: disponemos conexión constante, pero sin una verdadera comunidad.
Por qué es importante: el discipulado florece en las relaciones auténticas. Debemos pasar de la mera transmisión de contenidos a un compromiso a nivel del corazón.
Sí, sé que hay más aspectos de la cultura actual que merecen nuestra atención, pero estos dos son un buen punto de partida para empezar a estructurar nuestros ministerios y multiplicar los seguidores de Cristo en nuestro contexto actual. Veamos ahora algunas maneras prácticas de hacerlo.
3. De prioridad al discipulado relacional.
La influencia digital puede moldear opiniones, pero no forja el carácter. Un discípulo se forma cuando alguien lo ve, lo conoce y lo desafía en el contexto de relaciones reales. En la actualidad, el discipulado debe desarrollarse «cara a cara». La gente se compromete más cuando un experto no les da las «respuestas», sino cuando se sienta con ellos en un círculo, en un ambiente transparente y seguro, donde puedan explorar las preguntas, analizar la información Y ser guiados por personas que muestran una fe auténtica. Estos mentores deben «vivir la vida juntos» con ellos para poder proporcionarles una atención y un apoyo constantes.
Jesús modeló esto de una manera hermosa. No se limitaba a enseñar a las multitudes; vivía la vida con sus discípulos. Su método era a la vez una invitación («Ven, sígueme») y un desafío («Toma tu cruz»).
Pasos prácticos:
• Piense en pequeño: Forme grupos pequeños orgánicos que fomenten la vulnerabilidad y la confianza.
• Empareje a nuevos creyentes con cristianos maduros que estén dispuestos a «compartir sus vidas»”
• Facilite espacios seguros para conversaciones, hacer preguntas honestas y compartir conflictos sin emitir juicios.
El discipulado no consiste en tener todas las respuestas. Consiste en caminar juntos hacia Jesús.
4. Pase de la información a la transformación.
La verdad es que la gente no quiere ni necesita más información: Google y la inteligencia artificial nos han proporcionado toda la información de la historia y la han puesto al alcance de la mano. Pero aquí está el problema: la información por sí sola no transforma vidas. El verdadero discipulado debe tender un puente entre el conocimiento de Dios y ser transformado por Él. Esto significa cambiar el enfoque de simplemente impartir conocimiento bíblico a fomentar el crecimiento espiritual genuino y el cambio de vida.
Pasos prácticos:
• Fomente disciplinas espirituales como la oración, la lectura de la Biblia, escribir un diario o meditar en las rutinas diarias.
• Haga preguntas orientadas a la aplicación: ¿Qué me está diciendo Dios y qué voy a hacer al respecto? y ¿Cómo influirá esto en mis decisiones y cambiará mis acciones esta semana?
• Comparta historias de transformación personal para hacer tangible la fe.
El objetivo no es tener cristianos más inteligentes, sino vidas más entregadas.
5. Haga del discipulado algo práctico y misional.
El discipulado debe ir más allá del estudio y la conversación. Jesús envió a sus discípulos. Aprendieron en la práctica. En el mundo actual, la fe en acción es más importante que nunca.
Los viajes misioneros, el alcance comunitario y los actos de justicia y misericordia no son solo buenas obras, son laboratorios del discipulado. Me gusta decir que el ministerio es simplemente una excusa para el discipulado. Es en el hacer donde la fe se pone a prueba, se fortalece y se perfecciona.
Pasos prácticos:
• Involucre a los discípulos en proyectos de servicio regulares y en el ministerio del mundo real.
• Ayude a las personas a descubrir sus dones y a ponerlos en práctica en sus comunidades, no solo dentro de los muros de la iglesia.
• Reflexione con ellos sobre el servicio: ¿qué les mostró Dios mientras servían a los demás?
El discipulado misional nos recuerda que la fe no solo es personal, sino también participativa.
Reflexión final: Nunca olvide el papel del Espíritu Santo.
Hacer discípulos es una asociación divina. Las estrategias, los programas y las mejores prácticas son útiles, pero solo Dios puede transformar los corazones. La oración debe ser nuestro punto de partida y nuestro poder sustentador.
Ore por las personas que dirige. Pida al Espíritu Santo que le guíe, le convenza y le dé poder. Y confíe en que las semillas que está plantando, aún en el difícil terreno actual, están en buenas manos.
¡Este es un buen momento para el ministerio!
SOBRE EL AUTOR
Gary Khan nació en la isla de Trinidad, en el Caribe. A los veinte años se mudó a los Estados Unidos para proseguir su educación y su vocación de pastor. Conoció a su esposa DeLaine en el Eugene Bible College (ahora New Hope Christian College) y, tras su graduación, se casaron y empezaron a trabajar en la iglesia Desert Streams de Santa Clarita, California. Después de treinta y dos años como pastor, Gary se convirtió en director ejecutivo de operaciones de Marketplace Chaplains. Es autor de devocionales como Reset y Greater, y de su libro más reciente, That Didn’t Turn Out the Way
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