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Más que palabras:El despertar de una joven líder a una vida dedicada a la misión
Por Hannah Bemis, basado en una entrevista con Mia Guzmán
Mia Guzmán tenía solo diecisiete años cuando descubrió su pasión por las misiones. En un viaje universitario a Jamaica, experimentó lo que ella describe como su primer encuentro profundo y transformador con Jesús. Mientras ella y su equipo servían a niños que habían sido abandonados por sus padres, Mia experimentó la realidad de Dios al amar a aquellos a quienes el mundo había ignorado.
Desde entonces, la vida de Mia ha girado en torno a las misiones, tanto locales como globales. Ahora, con diecinueve años y estudiante de la Southeastern University, dedica su tiempo libre a servir en el ministerio infantil y juvenil de su iglesia, a colaborar como voluntaria en varias organizaciones locales sin fines de lucro y a trabajar como pasante en la región sudeste de la Biblia Abierta. Con solo conversar unos minutos con Mia, se percibe su pasión por las misiones, la justicia y el compromiso con la próxima generación.
«Mi corazón arde por dar a las personas la oportunidad de descubrir una pasión por las misiones que ni siquiera sabían que tenían».
Durante el tiempo que pasamos juntas, habló con entusiasmo sobre su trabajo en Hope House, una organización local sin fines de lucro que apoya a las jóvenes embarazadas con atención práctica y dignidad. También se mostró muy animada al describir Anchor House, donde los voluntarios muestran su cariño a los niños preadolescentes y adolescentes a través de su presencia, juegos y constancia.
«Incluso en nuestros propios patios traseros hay mucho que podemos hacer», afirma Mia. «Hay tantas organizaciones que la Iglesia a menudo ni siquiera conoce, y que tienen la misma misión: Amar y ayudar a los necesitados. Si queremos llegar a nuestras comunidades, creo que debemos colaborar con ellas».
El compromiso de Mia con las misiones locales le ha abierto naturalmente las puertas al servicio y el liderazgo a nivel mundial. Hace poco, ayudó a dirigir un viaje misionero a Grecia, donde su equipo prestó servicio a refugiados musulmanes en un campamento situado a solo treinta millas de Turquía. Los refugiados a los que atendieron habían huido del norte de África, Afganistán, Irán y otras partes de Oriente Medio.
Con solo conversar unos minutos con Mia, se percibe su pasión por las misiones, la justicia y el compromiso con la próxima generación.
El viaje puso a prueba de maneras inesperadas a Mia. Ella compartió con franqueza cómo adquirió confianza al liderar a personas mayores y con más experiencia que ella. Fue también en este contexto (donde estaba prohibido iniciar conversaciones sobre el evangelio) donde su teología de la misión comenzó a tomar forma.
«Aunque no pudimos decirles que éramos cristianos, ellos lo percibieron por nuestra forma de actuar; ni siquiera tuvimos que hablar», recordó Mia. «Creo que eso dice mucho de la forma en que el Espíritu se manifiesta en nosotros».
Reflexionó sobre cómo la experiencia desmoronó las suposiciones comunes sobre las misiones. «Nos embarcamos en las misiones con este complejo de salvadores», dijo, «pero el Espíritu Santo no nos necesita para obrar en la vida de alguien. No somos nosotros quienes salvamos, es Él. A veces, en las misiones, simplemente se nos llama a ser las manos y los pies de Jesús. Estamos llamados a ser cristianos, y los cristianos son bondadosos. Los cristianos son amorosos. Los cristianos son servidores».
En un momento dado durante el viaje, una mujer se acercó al equipo de Mia y les preguntó por qué eran tan amables. Como la conversación la inició la propia mujer, pudieron responder con sinceridad que sus acciones provenían de su amor por Jesús.
«Bueno, soy musulmana, así que no creo en Jesús», respondió la mujer, «pero sé que hay algo diferente en ustedes, y que tienen algo que yo no tengo».
Misiones no tienen tanto que ver con un lugar específico como con una actitud del corazón.
Aunque conversaciones como esta pueden haber carecido de una conclusión definida, confirmaron lo que el equipo estaba aprendiendo: La semejanza con Jesús se reconoce sin necesidad de palabras y la fe se puede expresar con la misma fuerza a través del carácter que mediante la conversación.
Mia describió este viaje como una «gran curva de aprendizaje», marcada por la revelación de que Dios «no nos necesita, pero aun así decide utilizarnos». Más que una labor, la experiencia se convirtió en una obra de santificación, que forjó la humildad, la dependencia y la confianza en Dios.
«A menudo, los viajes misioneros a corto plazo no consisten en que vayamos y comencemos un avivamiento», dijo Mia. «Se trata del trabajo que el Señor va a hacer en nosotros y de lo que Él revela sobre Su carácter y el nuestro».
En cuanto al futuro, Mia sigue colaborando con la Biblia Abierta en la región sudeste, mientras aprovecha las crecientes oportunidades de liderazgo e influencia. Hace poco, dirigió una sesión paralela en la Conferencia Movement (Movimiento) de la Biblia Abierta para jóvenes adultos y fue invitada a Des Moines para hablar sobre el futuro de las misiones globales para la próxima generación. Mia también está cursando una maestría en Pastoral y Asesoramiento en la Southeastern University y espera usarla para misiones en el futuro.
Con solo diecinueve años, Mia Guzmán representa a una generación de líderes que están descubriendo que las misiones no tienen tanto que ver con un lugar específico como con una actitud del corazón. Ya sea sirviendo al otro lado de la calle o al otro lado del mundo, su vida refleja una simple verdad de la que todos podemos aprender: Cuando los seguidores de Jesús se muestran humildes, fieles y amorosos, Dios se da a conocer.
Para ver una parte de la entrevista, haga clic a continuación:
Sobre el autor
Hannah Bemis en la actualidad trabaja como editora y directora de El Mensaje de la Biblia Abierta. Siempre quiso hacer muchísimas cosas cuando fuera mayor, y Dios le ha permitido realizar la mayoría de ellas en diferentes etapas de su vida. Después de dedicarse a la crianza de los hijos, la enseñanza, la escritura y el trabajo pastoral, la aventura más reciente de Hannah y de su esposo Jordan ha sido la plantación de la iglesia College Street Church en Newberg, Oregón. Después de Jesús y de todos sus seres queridos, su pasión la dedica en forma proporcional a la pizza y al chocolate negro.
