Spanish

No debería estar aquí 

Published

on

Según cualquier criterio humano, mi historia debería haber terminado de otra manera. Las heridas de mi infancia, las decisiones que tomé y la vida que construí me alejaron de Dios en lugar de acercarme a Él. Y, sin embargo, aquí estoy: Un seguidor de Jesucristo, autor, profesor y testigo del poder transformador de la gracia de Dios. 

Cuando miro atrás en mi vida, me vienen a la mente las palabras del himno «Sublime Gracia»: «Fui ciego mas hoy veo yo, perdido y Él me halló». 

Sé lo que significa sentirse perdido. 

Mi infancia estuvo marcada por profundas heridas. El alcoholismo de mi padre provocó gran desolación en nuestra familia, y crecí anhelando su amor y su aceptación. Mis padres se divorciaron cuando yo tenía seis años. Esperaba que la conmoción terminara, pero surgieron nuevas dificultades, entre ellas el maltrato verbal y físico en nuestro hogar. También sufrí abuso sexual y emocional por parte de chicos y chicas mayores, así como de adultos de mi comunidad. Esas heridas me acompañaron hasta la edad adulta, moldeando la visión que tenía de mí mismo, de mis relaciones y de mi identidad de formas que no llegué a comprender del todo hasta que Cristo comenzó a sanarlas. 

A medida que fui creciendo, busqué la aceptación y la realización en lugares que nunca podrían satisfacerme de verdad. Me casé joven y tuve una hija. Obtuve un título superior y asumí puestos de trabajo cada vez con más responsabilidad. Con el tiempo, inicié una relación con una persona de mi mismo sexo que duró tres décadas.  

A simple vista, mi vida parecía un éxito. Disfrutaba de una carrera profesional en Nueva York, de proyectos empresariales, de éxito económico y de una jubilación anticipada en la costa de Carolina del Norte. Pero, bajo la superficie, me faltaba algo. Había conseguido muchas de las cosas que la gente se pasa la vida persiguiendo, y, sin embargo, me faltaba paz. Dios, sin embargo, no se había rendido conmigo.  

El Señor no estaba exponiendo mi pecado para destruirme.
Lo estaba revelando para poder salvarme.

En su providencia, Dios comenzó a reordenar mi vida. El profundo anhelo de estar más cerca de mi hija y mi nieta me llevó a dejar mi vida de jubilado en la costa y mudarme a Ohio en 2020. En aquel momento, a muchas personas les pareció una decisión irracional. Mirando atrás, puedo ver la mano de Dios guiando cada paso. Entonces llegó el momento que lo cambió todo.  

Una tarde de principios de 2021, estaba sentado solo cuando me topé con una breve reflexión basada en Mateo 7:21-23. Las palabras de Jesús me impactaron con una fuerza que nunca había experimentado: «No todo el que me dice: “Señor, Señor”, entrará en el reino de los cielos». Y luego vinieron las palabras que sacudieron mi alma: «Nunca os conocí; apartaos de mí». 

Durante las siguientes 24 horas, esas palabras no dejaron de resonar en mi mente. Me sorprendí haciéndome preguntas que llevaba años evitando: ¿Estaba siguiendo de verdad a Cristo?, ¿me había inventado una versión de Jesús que se ajustaba a mis deseos en lugar de someterme al Jesús revelado en las Escrituras? 

Desesperado por encontrar respuestas, abrí mi Biblia. Esperaba encontrar la aceptación y la afirmación que había creado en mi mente durante décadas. Sin embargo, me encontré con el Cristo santo y justo de las Sagradas Escrituras.  Mientras leía el Evangelio de Mateo, la Palabra de Dios puso al descubierto mi corazón. La carta a los Hebreos describe la Palabra de Dios como «viva y eficaz», y así es exactamente como la experimenté. La Biblia ya no era solo palabras en una página. Dios estaba hablando. La verdad empezó a sustituir a las mentiras en las que había creído. 

A medida que mi convicción iba creciendo, también lo hacía mi comprensión de la misericordia de Dios. El Señor no estaba sacando a la luz mi pecado para destruirme. Lo estaba revelando para poder salvarme.  

The issue was no longer simply sexuality.
The deeper question was lordship.

Al final, llegué a una encrucijada. La cuestión ya no era simplemente la sexualidad. La cuestión más profunda era el señorío. ¿Confiaría en Jesús? ¿Confiaría en que Su plan era mejor que el mío? ¿Le entregaría a Él mi identidad, mis planes, mis relaciones y mi futuro? Por la gracia de Dios, así lo hice. .  

El arrepentimiento fue doloroso. La obediencia exigió sacrificio. Pero lo que descubrí al otro lado no fue una pérdida, sino libertad.  

Con el paso del tiempo, Dios renovó mi mente a través de Su Palabra, sanó muchas de las heridas que habían marcado mi vida y me enseñó que mi verdadera identidad no reside en mi pasado, en mis tentaciones ni en mis sentimientos. Mi identidad está en Jesucristo. 

Hoy tengo el privilegio de compartir ese mensaje con los demás. A través de mis escritos, mis charlas y mi ministerio, animo a las personas que luchan contra el quebrantamiento sexual, la confusión de identidad, la vergüenza y la desesperanza. Mi testimonio no trata, en última instancia, de abandonar un estilo de vida anterior, sino de encontrar a un Salvador que transforma vidas. 

Si hay una verdad que espero que los lectores saquen de mi historia, es esta: Nadie está fuera del alcance de la gracia de Dios. El mismo Jesús que me buscó sigue buscando a la gente hoy en día. Sigue llamando a los pecadores al arrepentimiento. Sigue sanando los corazones heridos. Sigue haciendo nuevas todas las cosas. 

Lo sé porque lo hizo por mí. 


Sobre el Autor

Mark Richard es un autor, orador y seguidor de Jesucristo cuya vida fue transformada por la verdad y la gracia de Dios. Tras pasar casi tres décadas en una relación homosexual, encontró al Cristo vivo a través de las Escrituras y entregó su vida por completo a Él. Hoy en día, anima y equipa a personas, familias e iglesias con la verdad del Evangelio y el poder de la gracia transformadora de Dios.  

Exit mobile version