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¿Qué estás esperando? ¿Una zarza ardiente? 

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No hace mucho, asistí a una de nuestras convenciones nacionales de la Biblia Abierta y vi un gráfico que mostraba el declive de nuestro movimiento, un movimiento en el que crecí y al que aprecio mucho. Ver esa presentación me resultó difícil y entristecedor. Aprecié la honestidad de nuestros líderes al no edulcorar las estadísticas. Pero, al mismo tiempo, lo vi como un reto para levantarnos y recuperar lo que hemos perdido.  

Llevo muchos años como pastor de la Biblia Abierta y, actualmente, me dedico a la labor misionera en África a medio tiempo a través de nuestra Academia de Formación de Plantadores de Iglesias (Church Planters Training Academy). 

A medida que nos preparamos para el próximo evento de la academia, que se celebrará este verano en Liberia, siento el deseo de proponer un reto más cercano a casa: Invitar a los hombres y mujeres de la Biblia Abierta en EE. UU. a que busquen específicamente la voluntad de Dios en sus vidas en relación con plantar una nueva iglesia. 

No es una petición fácil. Pero quizá sea la más importante que pueda hacerles. 

Pocas tareas en el ministerio tienen tanto en juego —u ofrecen una promesa tan grande— como plantear una nueva iglesia. Como escribió Tim Keller en su artículo «¿Por qué plantar iglesias?»: «Prácticamente todos los grandes desafíos evangelísticos del Nuevo Testamento son, en esencia, llamados a plantar iglesias, no simplemente a compartir la fe». Esa convicción está arraigada en el ADN de nuestra denominación. Nuestra declaración de misión lo expresa claramente: Hacer discípulos, formar líderes y multiplicar iglesias.  

Actualmente, contamos aproximadamente con una docena de nuevas iglesias en funcionamiento a través de todo los Estados Unidos: Obras multiculturales, congregaciones hispanas y nuevas iglesias en zonas urbanas y rurales. Mi madre, Marcy Kopp, creó hace años el Church Planting Endowment Fund (Fondo de provisión para la Fundación de Iglesias), destinado a financiar precisamente este tipo de obras. Ese fondo existe porque ella creía que la Biblia Abierta debía plantar iglesias. Tenía razón. La cuestión es si lo estamos haciendo lo suficiente.  

Un taller en la academia de plantación de iglesias.

El factor más importante a la hora de fundar una iglesia no es lo que tú piensas.  

Tras años de investigar sobre la fundación de iglesias —una investigación que utilizamos directamente para orientar nuestros esfuerzos en África—, he aprendido algo que sorprende a la mayoría de la gente. El factor más importante para que la fundación de una iglesia tenga éxito no es la ubicación adecuada. Tampoco es el presupuesto. Ni siquiera es el apoyo denominacional. Esas cosas son importantes. Pero el factor más relevante es el fundador de la iglesia. 

John Maxwell dijo una frase muy famosa acerca del liderazgo: «Todo depende del liderazgo». Lo mismo ocurre con la fundación de iglesias. Las investigaciones confirman sistemáticamente que, en los primeros pasos de una nueva iglesia, la preparación del líder principal es el factor más importante para su éxito o fracaso. Ninguna otra alternativa se le aproxima ni remotamente.  

Ahora, la pregunta que vale la pena plantearse es la siguiente: ¿Eres tú esa persona?  

El Dr. Charles Ridley dedicó años a estudiar a los fundadores de iglesias eficaces e identificar las características que distinguen a los más aptos para esta labor. Su investigación dio como resultado trece características de comportamiento, entre las que se incluyen la capacidad de tener una visión, la habilidad para relacionarse con personas ajenas a la iglesia, la flexibilidad y la adaptabilidad bajo presión, la capacidad de establecer relaciones profundas y la habilidad para reconocer, formar y preparar a otros para el ministerio según sus dones. No se trata de preferencias de personalidad, sino de indicadores probados sobre el terreno que permiten predecir si una iglesia nueva prosperará o fracasará. . 

¿Has sido llamado?  

El llamado es más importante que cualquier otra característica de la lista de Ridley. Pero el llamado rara vez surge de la nada. Por lo general, alguien lo identifica primero.  

Nuevos plantadores de iglesias reciben formación y mentoría en la academia.

Hace años, un joven evangelista llamado Butch Pluimer nos animó a mí (y a muchos otros) a considerar la posibilidad de dedicarnos al ministerio. Respondimos al llamado. No sé dónde estaría hoy sin ese reto. El apóstol Pablo hizo lo mismo con Timoteo. Lo buscó, lo formó y le hizo rendir cuentas. En su última carta, le encargó directamente a Timoteo: «que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo…» (2 Timoteo 4:2, RVR1960). Y en 2 Timoteo 2:2 nos dio el principio de la multiplicación en una sola frase: «Lo que me has oído decir en presencia de muchos testigos, encomiéndalo a creyentes dignos de confianza, que a su vez estén capacitados para enseñar a otros» (NVI). Cuatro generaciones de transmisión del ministerio en un solo versículo.  

Ese es el modelo: Líderes con experiencia que sienten pasión por la plantación de iglesias y que buscan deliberadamente a la próxima generación de plantadores para lanzarles el reto, sin esperar a que los voluntarios levanten la mano. 

Pero permítanme decirlo sin rodeos: Todo fundador de iglesias necesita un mentor. Timoteo necesitó a Pablo. Un joven que se inicia en el ministerio necesitaba a alguien mayor, más sabio, más firme; alguien que ya hubiera atravesado el fuego y pudiera mostrarle cómo mantenerse firme en medio de este. Nada ha cambiado. El llamado a fundar iglesias es vital, pero también lo es contar con un creyente maduro que guíe, corrija, anime y dé estabilidad a la obra. En la Academia, insistimos en que cada equipo de plantación cuente con un mentor.  


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El factor más importante es el fundador de la iglesia.

El coaching es un don y una vocación, y podría ser la opción ideal para pastores y misioneros jubilados. Toda esa sabiduría, todo ese recorrido, todas esas cicatrices… Alguien que esté empezando su primera iglesia podría beneficiarse de la experiencia de toda una vida de un ministro con amplia trayectoria. 

Necesitamos más personas como Butch Pluimer. Necesitamos hombres y mujeres maduros en la Biblia Abierta que puedan mirar a los ojos a un líder más joven y decirle: «Creo que Dios te ha llamado a fundar una iglesia. ¿Has orado al respecto?».  

That challenge changed my life. It can change someone else’s. Is it your challenge to give? Don’t wait for a burning bush.  


Sobre el Autor

Rich Kopp nació y se crio en Rapid City (Dakota del Sur), donde asistió a la Iglesia de la Biblia Abierta. Tras graduarse en la escuela secundaria, asistió al Open Bible College y posteriormente se desempeñó como pastor en las Iglesias de la Biblia Abierta en Kansas, Iowa, Montana y Colorado. Aunque está retirado del ministerio a tiempo completo, Rich y su esposa, Patti, residen ahora en Windsor (Colorado), donde continúan sirviendo a medio tiempo como misioneros generales con el departamento de Misiones Globales de la Biblia Abierta. En 2016, Kopp y su amigo de antaño y compañero de estudios, Nicholm Mahabir, fundaron la Church Planters Training Academy (Academia de capacitación para fundadores de iglesias), y desde entonces han establecido academias en Ghana, Liberia y Kenia. A partir de su propia experiencia en la fundación de iglesias, han capacitado a más de cien hombres y mujeres, muchos de los cuales han pasado a plantar iglesias en todo el continente africano. Su trabajo se basa en una convicción sencilla: Las iglesias deben plantar iglesias. 

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