Connect with us

Spanish

¡No morí! 

Published

on

Por David Ridgway 

Era un viernes, a un poco más de una semana antes de la Navidad, cuando me di cuenta de que no me sentía bien. Mi esposa, Rose, y yo teníamos previsto organizar una fiesta de Navidad para su familia esa noche. Como no quería exponer a nadie al COVID, me sugirió que me hiciera la prueba en un lugar cercano que ofrecía pruebas gratuitas. Después de unos cuarenta minutos, los resultados dieron negativos, así que supuse que sólo tenía un resfriado o una gripe. Esa noche me quedé en nuestro cuarto para no exponer a nadie a lo que fuera que tuviera. (Resultó ser COVID, y seis personas se contagiaron. Gracias a Dios, ninguna se enfermó de gravedad y todas se recuperaron). 

El sábado estuve todo el día tosiendo, en cama. El domingo me quedé en casa sin ir a la iglesia, yo nunca falto. Tengo mi propio negocio de control de plagas y el lunes tenía que hacer un trabajo importante que no podía esperar. Intenté salir de la casa, pero no podía caminar tres o cuatro pies sin respirar con dificultad. Tuve que volver a casa, totalmente agotado. Rose me llevó inmediatamente al hospital, el MercyOne West de la zona oeste de Des Moines, un suburbio de Des Moines, Iowa. Allí di positivo en la prueba de COVID. Me dijeron que estaba deshidratado y que mi presión arterial se había desplomado. Me pusieron una vía intravenosa y consiguieron que mi presión arterial volviera a un nivel aceptable y el martes por la mañana me enviaron a casa, diciéndome que descansara. 

Seguí empeorando. El miércoles tenía dificultades para respirar, así que Rose me llevó de nuevo al hospital y me ingresaron. Pensé: «Estoy en el hospital. Me cuidarán y me pondré mejor».  

En lugar de eso, fui decayendo rápidamente. Aunque me aumentaban el nivel de oxígeno, tenía problemas para respirar. Había llegado a los 75 litros, pero mi flujo sanguíneo absorbía cada vez menos. Estaba empezando a perder el conocimiento, sin darme cuenta de lo que ocurría a mi alrededor. Como Rose también había dado positivo en la prueba de COVID, no podía visitarme. 

En Navidad estaba muy mal. Mi madre vino a verme. En ese momento estaba 99% seguro de que iba a morir. En mi mente podía ver un pasillo en la esquina, y sabía que era la puerta de la muerte. Me acercaba cada vez más a ese pasillo. Sabía que si llegaba a ese pasillo, habría muerto. Pasaría de esta vida a la siguiente.  

Pensé: «No puedo controlar esto; no puedo detenerlo. Tengo 50 años y todavía tengo muchas cosas que hacer. Tengo muchas responsabilidades: mi casa, mi negocio, mi familia y el ministerio de la iglesia. Esto está sucediendo realmente» 

Pensé: «No puedo controlar esto; no puedo detenerlo. Tengo 50 años y todavía tengo muchas cosas que hacer. Tengo muchas responsabilidades: mi casa, mi negocio, mi familia y el ministerio de la iglesia. Esto está sucediendo realmente» 

David Ridgway en el hospital

En Navidad, el médico llamó a mi esposa y trató de prepararla. Le dijo: «Dave tiene el peor tipo de COVID. Además, neumonía y una infección respiratoria. Tiene un camino difícil por delante y probablemente no sobrevivirá». A media noche, decidieron trasladarme al hospital principal del centro.  

Aunque la mañana siguiente era un domingo, nuestra iglesia, Iglesia Journey de la Biblia Abierta en Urbandale, no celebraba el servicio para dar al personal tiempo libre con sus familias por las vacaciones. Rose había mantenido a nuestro pastor, Darrick Young, al tanto de mi condición y él avisaría al equipo de oración y a otros líderes. Tras recibir la alarmante noticia de mi estado, el pastor Darrick llamó al hospital para ver si podía visitarme. Sin dudarlo le dijeron: «Sí, es más que probable que deba venir».  

Recuerdo haber oído su voz y ser consciente de que estaba orando por mí, pero no recuerdo mucho de la visita. Más tarde me dijo que yo estaba algo receptivo y que estuve de acuerdo con él en la oración.

Cuando la gente de la iglesia se enteró de mi estado, varios dejaron lo que estaban haciendo y se reunieron en la iglesia para orar. El pastor Darrick llamó a Rose a casa, la puso en el altavoz y oró con ella. Cuando una enfermera, que trabaja en el Mercy, mencionó que mi hija Natalie estaba conmigo en ese momento, Darrick llamó al teléfono de Natalie. Me puso en el altavoz y pude oír a la gente orar por mí. No lo recuerdo, pero más tarde me dijeron que no paraba de decir: «Aleluya». En esa reunión también organizaron una cadena de oración de 24 horas. Todavía me sorprende que la gente dejara lo que estaba haciendo durante un día festivo y se reuniera para orar por mí. 

Dios me bendijo con el Dr. Wilcox, de quien me han dicho que es el mejor médico para tratar el COVID. Pero las noticias que le dio a Rose el lunes por la mañana no fueron buenas. Dijo: «Dave está en una espiral descendente. Si no lo ponemos en un ventilador en quince minutos, tiene cero posibilidades de sobrevivir. Sus órganos se apagarán». 

Rose le dijo: «Tenemos cinco hijos. ¿Puedo decirles que lo llamen antes de hacer eso?»   

Él respondió: «Claro, que llamen enseguida. Haré que la enfermera lo ponga en el altavoz». 

Recuerdo vagamente haber oído sus voces. Ahora me doy cuenta de que se estaban despidiendo de mi. 

Después, me sedaron, me paralizaron y me conectaron al ventilador. A pesar de lo horrible que había sido mi experiencia hasta ese momento, fue entonces cuando comenzaron las verdaderas pesadillas. No le deseo esa experiencia a nadie. A pesar de que estás en un coma inducido por drogas, tu mente sigue activa. Me dieron los alucinógenos más potentes para alterar la mente. Fue horrible. 

En cuanto oí al médico decir: «Comenzemos», aparecieron figuras geométricas a mi alrededor, moviéndose y cambiando de forma. Me dieron náuseas. Luego empezaron a aparecer criaturas de la nada: ratas y animales y cosas horribles, tantas cosas que no puedo describir. Afortunadamente, mi mente ha borrado gran parte de ello. Me recordó a la época de la Biblia en la que Jesús estuvo ayunando durante cuarenta días y entonces Satanás le llevó y le mostró todos los reinos del mundo.  

Sentí como si el Señor me tomara y me mostrara las naciones del mundo y lo malvado, lleno de pecado y perdido que está el hombre. Vi todos y cada uno de los tipos de pecado que hay: la mentira, el robo, la violación, el asesinato, el incesto y el genocidio. Vi toda la maldad y estaba en todos los países de todas las naciones del mundo, incluso hasta el reino animal. (El mal había invadido hasta la misma tierra. Vi que las montañas se hundían en el océano porque estaban corrompidas. Recordé que cuando Adán y Eva pecaron, Dios maldijo incluso la tierra.  

Vi un mal común, y era la codicia. La gente hace mucho mal por dinero. Matan por dinero, propagan la pornografía, apuestan, roban y mienten. Pensé en el versículo que dice: «Pues el amor al dinero es la raíz de toda clase de mal» (1 Timoteo 6:10a, NLT).  

Cuando te ponen el ventilador, te colocan en posición boca abajo sobre el estómago durante dieciséis horas y luego te voltean sobre la espalda durante las otras ocho. Cuando te voltean se necesitan de seis a ocho personas, es un gran problema. Tenía vías intravenosas, un brazalete para medir la presión arterial, un sensor de oxígeno, un catéter y todo tipo de tubos y cables, y tenían que asegurarse de que nada se pinchara ni se doblara. No querían ni siquiera una arruga en la sábana porque no querían crear puntos de presión en la cama que me causaran llagas. 

La familia Ridgway

Mi hija Natalie se asomaba de vez en cuando antes o después de su turno para ver cómo estaba, aunque yo no me daba cuenta. Una mañana entró por casualidad mientras me daban vuelta. Había visto el proceso de volteo cientos de veces, incluso había ayudado a hacerlo. Pero cuando vio que me lo hacían a mí, un cadáver prácticamente inerte, no pudo mirar. Tuvo que salir de la habitación. 

El pastor Darrick organizó una reunión en mi casa el jueves por la noche para que la gente viniera a orar. Rose estaba en la casa con nuestros dos hijos menores que todavía viven en casa. Docenas de personas de al menos cuatro iglesias se unieron en oración colectiva en la casa. Acabo de ver el vídeo esta semana. Cuando pienso en toda la gente que oró por mí, me siento abrumado.  

Eso fue el jueves por la noche. En forma sorprendente, a la mañana siguiente, el viernes, el médico llamó a Rose y le dijo: «Creo que le vamos a quitar el ventilador porque en general está mejorando». (Originalmente le habían dicho que estaría con el ventilador entre siete y catorce días; éste era el quinto día). Cuando me desconectaron del ventilador, recuperé la conciencia. Todavía tenia un poco de miedo porque aún no estaba fuera de peligro, ¡pero me estaba acercando al umbral!  

El día de Año Nuevo, diez días después de mi ingreso en el hospital, Rose pudo venir a visitarme. Cuando me dijeron que iba a venir, no recordaba su aspecto. Luego, cuando entró, llevaba una bata, el pelo cubierto y una máscara facial, así que lo único que pude ver fueron sus ojos. Todavía no podía pensar en su aspecto. Pero cuando habló, todo me volvió a la mente. 

Durante esos días oscuros, cuando las enfermeras venían a tomarme los signos vitales, yo las buscaba porque me sentía muy solo. No quería morir solo. Las enfermeras me cogían de la mano durante un par de minutos y luego tenían que irse, y no las veía durante horas. El tiempo parecía detenerse. Incluso después de desconectar el ventilador, las drogas seguían afectando a mi mente. Si cerraba los ojos, las horribles alucinaciones volvían, así que intenté mantenerme despierto durante dos días. Si parpadeaba, las alucinaciones estaban ahí. Finalmente, empecé a tener alucinaciones que, aunque extrañas, no eran tan malas.  

Finalmente, al tercer día de ser desconectado del ventilador, las alucinaciones comenzaban a desaparecer. Me sentía mejor, así que me trasladaron a mi propia habitación de COVID. Una enfermera me preguntó si quería un trozo de hielo, y al no haber comido ni bebido en dos semanas, me pareció estupendo. Había perdido diez libras, sobre todo de músculo. Estaba muy débil. Cuando estaba anestesiado, soñaba con bebidas frías y limonada. Y cuando la enfermera me preguntó si quería un vaso entero de agua, me alegré mucho. Estaba tan buena; ¡sabía a agua viva!  

Después de darme el agua, la enfermera se inclinó hacia mí y me dijo: «David, tengo que decirte que eres la única persona que he visto sin estar vacunada, tan enferma y con el ventilador mecánico tanto tiempo y que ha vivido». (Mucha gente no sale del ventilador; se considera como el último recurso). El médico coincidió con la enfermera y dijo: «Eres un caso muy, muy raro».  

Le sorprendió que sobreviviera. Creo que muchos médicos se sorprendieron. A mí me sorprendió. Me trasladaron a una habitación normal, y fue entonces cuando me di cuenta de que «no iba a morir».  

Aunque estaba tan débil como un gatito, ahora tenía esperanza. Pude comer un poco de budín, ¡que me encanta! Al día siguiente empezaron a traerme tres comidas al día. Éstas se convirtieron en lo más destacado de mi día. Ya he engordado veinte de las treinta libras que perdí. 

Cuando llegué a mi propia habitación, estaba tan débil que no podía ni sentarme. Ni siquiera podía pulsar el botón para mover mi cama de hospital, encender la televisión o llamar a la enfermera. Cuando intentaron ayudarme a sentarme, todas las alarmas de oxígeno se dispararon. Al día siguiente me ayudaron a ponerme de pie y atravesé la habitación con un andador, aunque pronto volví a la cama, agotado. Al día siguiente caminé por el pasillo. El médico me decía que probablemente saldría del hospital el fin de semana.  

Al reflexionar acerca de la experiencia de Dave, Darrick Young, su pastor, dijo: «El cambio que hubo en el cuerpo de Dave, que pasó de estar cerca de la muerte a la vida, fue simplemente milagroso. Dave, Rose y toda su familia le dieron gloria a Dios por adelantado, por la sanidad de Dave, y expresaron gran gratitud a quienes les respaldaron en oración. Dios sanó a Dave, pero también tocó a toda nuestra iglesia» 

Darrick Young, su pastor

El jueves por la mañana, me dijo: «¿Te gustaría salir de aquí hoy?».  

Le aseguré que me encantaría. No quería pasar otra noche en el hospital. Las camas no son cómodas. Todavía tenía todos los cables y tubos, y venían las enfermeras las veinticuatro horas del día a sacarme sangre de seis a ocho veces al día.  

A las ocho de la noche ya estaba en casa, después de haber pasado dieciocho días en el hospital. Al principio estaba con oxígeno, pero al cabo de una semana me lo fueron quitaron poco a poco. La segunda semana descansé y me puse más fuerte. A la tercera semana, cuando llegó el domingo, dije: «Voy a la iglesia».  

Esa fue mi primera salida. Y al día siguiente volví al trabajo y acabé trabajando varias horas. Cada vez estoy más fuerte. Doy gracias a Dios por estar vivo. Mi cuñado me llama casi todos los días y lo primero que dice es: «Alabado sea Dios, Dave; estás vivo». 

No podía aún creer que toda esa gente estuviera orando por mí. Probablemente había miles, incluso más allá de Iowa. Realmente hay poder en la oración. Dios escuchó sus oraciones y las respondió. He tenido oraciones que no han sido contestadas de la manera que yo pensaba, pero esto fortaleció mi fe, sabiendo que Dios escucha nuestras oraciones. Puede que no responda como deseamos, pero sus caminos son mejores que los nuestros. 

Dios debe tener algo para mi, aún no ha terminado conmigo. Al principio pensé que tenía que hacer algo grande para Dios. Pero cuando volví a enseñar a los Royal Rangers (un ministerio de grupos pequeños con actividades para niños), vi a un padre de dos de los niños que va a otra iglesia. Él no había oído hablar de mi experiencia, así que se lo conté, mientras me preguntaba en voz alta qué tenía Dios para mí. Quedó sorprendido y asombrado por mi historia y más tarde me envió un correo electrónico.

Una parte decía:

He experimentado que Dios me ayuda a conectarme mejor con mi familia a través de los Rangers, lo que se conlleva a una mejor relación durante la semana. Usted ha estado haciendo Rangers durante tanto tiempo que puede parecer rutinario o incluso un poco repetitivo. Pero déjeme asegurarle que Dios está trabajando a través de usted teniendo un impacto en nosotros…. Nunca sabrán lo agradecido que estoy por esas dos horas del domingo cuando puedo venir a pasar el rato con ustedes y mis hijos. . . . Puede que no lo vea, pero el impacto es profundo.

La visión que tuve mientras estaba conectado al ventilador mecánico me mostró cuán perdido está este mundo, y el gran trabajo que tenemos que hacer los cristianos. Sé que a medida que nos acercamos al regreso del Señor el pecado abundará, pero podemos hacer algo al respecto si permanecemos fieles a lo que Él nos ha llamado a hacer. 

Sobre el autor

David Ridgway es el propietario de Midwest Pest Management. Él y su esposa, Rose, comenzaron a asistir a la Iglesia Journey de la Biblia Abierta en Urbandale, Iowa, hace diez años poco después de que se inició. Dave sirve como colaborador de Journey, anciano y voluntario en varias áreas. Ha sido líder de los Royal Rangers durante 23 años y sirve en el personal del distrito. Ha servido como Coordinador de Outpost (puesto de avanzada) para Outpost 101, desde que se inició en la Iglesia Journey hace nueve años.

Spanish

Belleza entre las cenizas:  Dios obra en medio de los incendios de Spokane 

Published

on

El 1 de agosto de 2026, tres incendios forestales que avanzaban a gran velocidad, avivados por una combinación de fuertes vientos y condiciones de sequía peligrosa, arrasaron la zona de Spokane. Los incendios de Old Trails, Autumn Lane y Fairview, agrupados bajo el nombre de «Complejo de Spokane», dañaron o destruyeron cientos de viviendas y otras estructuras, y obligaron a miles de personas a evacuar.  

Siete iglesias de la Biblia Abierta y otras iglesias afiliadas a la Biblia Abierta atienden a comunidades en toda el área de Spokane, y todas se vieron afectadas de alguna manera por los incendios. Sin embargo, tres de ellas se encontraron en la trayectoria directa del incendio más destructivo: El incendio Old Trails. Las iglesias Turning Point y Foundation fueron sometidas a una orden de evacuación de nivel 3, lo que obligó a desplazar a los miembros de sus comunidades, mientras que la iglesia Riverside Real Life perdió su edificio por completo. Los pastores de Turning Point y Riverside cuentan lo que vivieron mientras el fuego arrasaba sus comunidades y cómo, en medio de una pérdida tremenda, vieron a Dios proveer a través de la generosidad, las oraciones y el apoyo práctico de la Iglesia.  


De Melissa Stelly, pastora ejecutiva de la iglesia Turning Point de la Biblia Abierta:  


La columna de humo furioso en el horizonte me llenó inmediatamente de pavor mientras conducía hacia la tienda de comestibles. Los fuertes vientos impulsaban las llamas a través de la tierra reseca con tal rapidez que, según comentó asombrado un bombero, aunque lo hubiera intentado, no habría podido correr más rápido que el fuego. Cientos de personas huían desesperadamente de sus barrios, congestionando las pocas vías de salida, mientras veían las llamas en sus espejos retrovisores. Hubo historias desgarradoras de personas que llamaban a sus familiares para despedirse porque no creían que pudieran escapar a tiempo.  

Y, sin embargo, no se cobró ninguna vida. 
 

Y, sin embargo, no se cobró ninguna vida. 

Nuestra iglesia quedó bajo una orden de evacuación de nivel 3, y muchos hermanos de nuestra congregación tuvieron que abandonar sus hogares, ya sea porque los perdieron por completo a causa de las llamas o debido a las sustancias tóxicas que invadieron sus casas a raíz de los incendios a su alrededor. De inmediato, nuestra familia de la iglesia respondió con llamadas y correos electrónicos, ofreciendo sus hogares a los afectados, además de tarjetas de regalo, dinero, ropa e incluso cuidados para sus mascotas. Los líderes de Spokane se reunieron en la escuela secundaria local e invitaron a líderes religiosos, organizaciones sin ánimo de lucro, educadores y representantes del gobierno a unirse para optimizar los recursos, establecer un sistema de ayuda y colaborar. Desde entonces, las iglesias de Spokane han identificado una brecha en la respuesta ante crisis y están organizando una red de iglesias para encabezar la ayuda de emergencia y la respuesta ante crisis en nuestra ciudad.  

Me enorgullece la movilización inmediata de nuestra congregación, que donó generosamente y puso la fe en acción al satisfacer necesidades, abrir sus hogares y ofrecerse como voluntarios en refugios y actividades de alcance comunitario. Una mujer de nuestra iglesia, que perdió su hogar en el incendio, compartió entre lágrimas lo abrumada que se sentía por el apoyo que recibió. La familia de la iglesia le regaló muchas de tarjetas de regalo, le compró ropa, donó generosamente a la iglesia para cubrir sus necesidades económicas y la llamaban constantemente para orar con ella. 

Como pastora, fui testigo de cómo este versículo se cumplía: «a fin de capacitar al pueblo de Dios para la obra de servicio, para edificar el cuerpo de Cristo» (Efesios 4:12, NVI).   


Nuestra iglesia, Riverside Real Life Church, y todo el vecindario circundante quedaron destruidos por el incendio de Old Trails que azotó la comunidad de Spokane. Como nos encontrábamos en el centro de la zona afectada, cientos de personas que consideran Riverside su iglesia tuvieron que abandonar sus hogares, al menos temporalmente. Alabado sea Dios, la mayoría pudo regresar después de una o dos semanas; el número de hogares perdidos en nuestra congregación fue inferior a diez. Muchas casas del vecindario donde vive mi familia quedaron destruidas, pero gracias a Dios nuestra casa se salvó y regresamos a ella después de nueve días. 

La respuesta de nuestra comunidad y de otros ha sido increíble. Me han contactado cientos de pastores e iglesias de todo el país, y lo más importante, de toda la familia de la Biblia Abierta. Estoy convencido de que las oraciones a nuestro favor han marcado la diferencia, ya que Dios nos ha abierto una puerta tras otra. El 6 de septiembre tuvimos nuestro primer servicio dominical desde los incendios en una escuela secundaria cerca de donde estaba el edificio de la iglesia. Nos reunimos con el lugar repleto para reconectarnos, adorar a Dios y mirar hacia el futuro.  

There are significant complications, but they are not barriers for Him.

Gracias a la generosidad de las iglesias de todo el país, hemos podido brindar una ayuda económica significativa a las familias y personas que han perdido sus hogares, reiniciar nuestro sistema de grupos pequeños, poner en marcha un servicio dominical móvil del que podemos estar orgullosos y continuar con nuestra misión de «Alcanzar al mundo para Jesús».   

Estoy muy agradecido con todas las personas e iglesias que nos han apoyado con su cuidado, sus recursos económicos y sus oraciones. Cuando los líderes de las iglesias me preguntan cómo pueden orar, les digo: «Por favor, oren para que Dios nos conceda su favor en el proceso de reconstrucción. Hay complicaciones importantes, pero para Él no son obstáculos». 

Gracias, amigos y familia de la Biblia Abierta. No podría estar más agradecido por su cuidado y apoyo; han significado mucho para mí. 


En medio de la tragedia, la bondad y la gloria de Dios fueron evidentes. Como dijo la pastora Melissa Stelly al compartir su historia: «El Señor nos protegió, el Señor nos proveyó y el Señor usó a su Iglesia para servir». Pero nada expresa mejor la gracia de Dios sobre Spokane que Isaías 61:3, NVI:   

ty a confortar a los dolientes de Sión. 
Me ha enviado a darles una corona 
    en vez de cenizas, 
aceite de alegría 
    en vez de luto, 
traje de alabanza 
    en vez de espíritu de desaliento. 
 

Isaías 61:3 (NIV) 

Sobre la Autora

Hannah Bemis se desempeña actualmente como editora y directora de Message of the Open Bible. Desde pequeña, siempre quiso hacer muchísimas cosas al crecer, y Dios ha tenido la bondad de permitirle realizar la mayoría de ellas a lo largo de distintas etapas de su vida. Estas etapas han incluido la crianza de sus hijos, la enseñanza, la escritura y el ministerio pastoral; su aventura más reciente ha sido la fundación y el pastoreo de la iglesia College Street Church en Newberg, Oregón, junto a su esposo, Jordan. Después de Jesús y de todas sus personas favoritas, dedica el resto de su entusiasmo —a partes iguales— a la pizza y al chocolate negro.

Continue Reading

Spanish

¡Me rindo! 

Published

on

Cuando mi esposo y yo nos acabábamos de casar, nos gustaba mucho el juego de mesa «Risk». El objetivo del juego es conquistar el mundo colocando estratégicamente tus fichas de ejército en un mapa gigante, conquistando todos los territorios del tablero y eliminando al resto de los jugadores. Desde su creación en 1957, «Risk» sigue deleitando a muchos. Por desgracia, algunos de nosotros no somos tan estratégicos como otros y el juego nos ha resultado un poco menos divertido.

Después de varias semanas seguidas jugando todas las noches y más o menos el mismo número de veces perdiendo, nuestra racha matrimonial de «Risk» culminó en un momento en el que yo (perdiendo, otra vez) me incliné hacia delante y con ambas manos barrí nuestros ejércitos del tablero, lanzándolos al otro lado de la habitación. Jordan y yo nos quedamos sentados en un silencio un poco atónito, rodeados de nuestras tropas aniquiladas.  

Durante gran parte de mi vida tuve la mala costumbre de abandonar las cosas antes de tiempo. Si sentía que no lo estaba haciendo bien o que corría el riesgo de perder, me retiraba antes de que se produjera el fracaso. Me rendía. 

Los israelitas tuvieron un instinto similar cuando se encontraron a las puertas de la Tierra Prometida. Al ver el tamaño y la fuerza de sus enemigos, reaccionaron más o menos así: «Ya veo cómo va a acabar esto. Preferimos rendirnos antes que perder». Al abandonar al plan de Dios, se rindieron. 

A medida que se acercan el Día de Acción de Gracias y la Navidad, he estado pensando mucho en rendirme. Mi viejo instinto de autosabotaje, que surge cuando creo que no estaré a la altura, sigue acechándome en situaciones de mucha presión (organizar una gran reunión festiva, comprar el regalo perfecto, preparar un hermoso servicio para el Adviento). Pero, sobre todo, he estado pensando en otro sentido de «rendirse». 

Cuando el ángel se le apareció a María, que aún era una adolescente, y le explicó que había sido elegida para llevar en su seno al Mesías, y darlo a luz (la situación más estresante que se pueda imaginar), ella no se echó atrás. Su respuesta fue sencilla: «He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra» (Lucas 1:38, RVR-1960). Siguió adelante, pero el hacerlo le exigió renunciar a sus planes, a su reputación y a un futuro que le resultaba familiar.  

Esta versión más noble de la renuncia se entreteje a lo largo de toda la historia de la Navidad: José renunció a su plan de divorciarse de su prometida embarazada; los pastores renunciaron a una noche de normalidad para investigar una interrupción sagrada, y los magos del Oriente dieron de su tiempo y sus tesoros para adorar a un rey que se apareció de forma inesperada. Cada uno de ellos renunció a algo personal para colaborar con el plan de Dios. 

Si lo observas con atención, descubrirás que el tema de la renuncia también está presente a lo largo de este número de «El mensaje de la Biblia Abierta». En este artículo de Danielle Smith, unos adolescentes de Nogales renunciaron a sus expectativas sobre cómo debía ser su viaje misionero y descubrieron que Dios ya estaba obrando en los planes modificados. En nuestro artículo principal sobre los incendios de Spokane, las iglesias de esta ciudad se sacrificaron ofreciendo sus hogares, dinero, tiempo y atención cuando sus vecinos lo perdieron casi todo. Y el artículo «Cinco cosas» de Jessica Sanford nos invita a renunciar a aquello con lo que todos luchamos durante las fiestas: Expectativas poco realistas, agendas sobrecargadas y la presión por crear la Navidad «perfecta». 

Ahora que se acercan de nuevo las fiestas, te invito a que te unas a mí para correr un riesgo (¿ves lo que hice ahí?): «¡Ríndete!» No al retirarte del juego, sino al entregar las fichas que son irrelevantes a favor del Único que sí importa. Después de todo, cuando Jesús se enfrentó a lo que parecía una derrota segura, se mantuvo en el juego por voluntad propia y a sabiendas. Al igual que María, su madre lo hizo, Él mismo se puso en el tablero.  

«Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu» (Lucas 23:46, RVR1960). Rindiéndose al plan de Dios, Jesús se entregó. 

Dios, muéstranos qué significa entregarnos por completo a ti. Que esta sea una época de entrega santa para todos nosotros.  


Sobre la Autora

Hannah Bemis en la actualidad trabaja como editora y directora de El Mensaje de la Biblia Abierta. Siempre quiso hacer muchísimas cosas cuando fuera mayor, y Dios le ha permitido realizar la mayoría de ellas en diferentes etapas de su vida. Después de dedicarse a la crianza de los hijos, la enseñanza, la escritura y el trabajo pastoral, la aventura más reciente de Hannah y de su esposo Jordan ha sido la plantación de la iglesia College Street Church en Newberg, Oregón. Después de Jesús y de todos sus seres queridos, su pasión la dedica en forma proporcional a la pizza y al chocolate negro. 

Continue Reading

Spanish

Cinco maneras de mantener la paz durante estas fiestas 

Published

on

Las fiestas pueden despertar una gran variedad de emociones, que van desde la expectación emocionada y la alegría hasta el estrés abrumador y, en ocasiones, el verdadero temor. ¿Cómo podemos mantener la paz y la salud emocional en esta temporada de fiestas sin dejar de mantener nuestros corazones centrados en Cristo? 


Desde mis primeros recuerdos, todas las cosas relacionadas con las fiestas navideñas me fascinan: Las reuniones con la familia y los amigos, la comida que se comparte alrededor de la mesa, las decoraciones, el aroma del pastel de manzana horneándose en el horno y la sidra cocinándose a fuego lento, las tradiciones familiares y todos los momentos que hay entremedio. Y no debemos olvidar los queridos clásicos La navidad de Charlie Brown y mi película favorita, ¡Qué bello es vivir! 

No se trata solo de una cosa; más bien, es la suma de muchas cosas, grandes y pequeñas, las que han hecho que estas fiestas sean tan memorables. 

Una tradición particularmente especial en nuestra casa es celebrar el Día de Acción de Gracias e invitar a cada una de nuestras familias a unirse a nosotros. A lo largo de los años, nos hemos divertido dándole nuestro propio toque a este día; casi nunca preparamos pavo y, en su lugar, optamos por carne de res asada. (Lo sé; es una locura, ¿verdad?) 

La paz de corazón y de mente está a nuestro alcance, pero debemos luchar por ella.

Pero por mucho que me guste esta época del año, no soy ingenua respecto a la tensión que existe entre mis expectativas de cómo deberían ser las fiestas y lo que a menudo terminan siendo. (¿A alguien más le pasa que su familia termina contagiándose de un virus estomacal justo cuando la temporada festiva está en pleno apogeo?) Tampoco puedo evitar darme cuenta de cómo los días entre el Día de Acción de Gracias y la Navidad a menudo se vuelven borrosos mientras pasamos de una actividad a otra. Recuerdo una noche de Navidad en particular, hace varios años, cuando le dije a mi esposo mientras nos acostábamos: «Qué bien que ya se acabó la Navidad». ¡Ay! No creo que esa fuera las «buenas nuevas de grande gozo» que el ángel del Señor tenía en mente cuando reveló que el Mesías había nacido.

Lamentablemente, la alegría y la belleza de esta época pueden perderse rápidamente mientras nos enfrentamos a los desafíos que traen consigo las fiestas: Agendas sobrecargadas, compromisos adicionales, dinámicas familiares complejas, ansiedad, altas expectativas (tanto de los demás como de nosotros mismos), duelo, pérdida y soledad profunda, por mencionar solo algunos. Estos desafíos, sumados a la necesidad de hacer malabarismos con las exigencias de la vida cotidiana, pueden robarnos rápidamente nuestra paz y nuestra salud emocional si no tenemos cuidado. 

Es interesante que, en Lucas 2:13-14 (NTV), el anuncio del nacimiento del Salvador a los pastores también viniera acompañado de una proclamación de paz: 

De pronto, se unió a ese ángel una inmensa multitud—los ejércitos celestiales—que alababan a Dios y decían: 
 «Gloria a Dios en el cielo más alto 
    y paz en la tierra para aquellos en quienes Dios se complace». 

La paz del corazón y de la mente están a nuestro alcance, pero debemos luchar por ellas. Aunque no es una lista exhaustiva, a continuación, te presentamos algunas medidas prácticas que podemos tomar para proteger nuestra paz durante estas fiestas: 

Que tengas unas fiestas bendecidas y llenas de paz, en las que puedas crear nuevos recuerdos y, si es posible, disfrutar de mucho pastel de manzana (con helado encima, por supuesto). 


Sobre la Autora

Jessica Sanford en la actualidad, Sanford es líder de discipulado en la iglesia Fort DSM de la Biblia Abierta, en Des Moines (Iowa). Como mentora, coach y amiga, le apasiona acompañar a las personas en su peregrinaje espiritual y emocional hacia la sanidad y la plenitud en Cristo. También disfruta de su papel como esposa de Matt y madre de dos hijos adultos y una nueva nuera. Sin embargo, su mayor gozo es ser la hija amada de Dios, plenamente apreciada y conocida por Él.

Continue Reading

Follow Us

Subscribe to the Message