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Vale la pena el costo

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por David Borntreger

Malinda y yo crecimos en hogares amish tradicionales y felices. Tengo cinco hermanos y cinco hermanas; Malinda viene de una familia de doce. Después de que Malinda y yo comenzamos nuestra propia familia, continuamos con el estilo de vida amish que siempre habíamos conocido.

Comenzamos a tener más hambre de Dios, lo que nos motivó a leer todo lo que pudimos encontrar acerca de la fe. Y eso nos llevó a cuestionar algunas de nuestras tradiciones. Comencé a preguntarme por qué no ministramos a personas fuera de nuestra comunidad, así que un día le pregunté al obispo su opinión sobre el apoyo a ministerios como los que proveen Biblias a la gente en China.

Él respondió: “Nuestro énfasis está en cuidar de los nuestros. No tenemos seguro, así que si alguien tiene que pagar una cuenta de hospital, lo ayudamos”. Para mí eso no tenía sentido. La Biblia habla de ir por el mundo y predicar el Evangelio. Ignoraba que mis ojos estaban comenzando a abrirse.

Cuando le pregunté a mi papá por qué no nos acercamos a personas de otros países, dijo: “La cuestión es que si vas a otros países, pondrías en riesgo tu cultura”. Por ejemplo, no se nos permite tener una identificación con foto. Incluso, en la comunidad no está permitido subirse a un avión.




!David y sus hijos trabajando duro!

Uno de los libros que leí mencionaba algunas de nuestras prácticas como ocultistas. Eso me llamó la atención. Una de las prácticas que cuestionó el autor fue la radiestesia para la búsqueda de agua. Por lo general, la persona que realiza la “radiestesia” sostiene dos palos o varillas y camina alrededor de una propiedad con la esperanza de que las varillas se hundan, se muevan o se crucen cuando la persona camina sobre un terreno donde hay agua subterránea. Esta y otras tradiciones similares han estado arraigadas en nuestra cultura durante muchas generaciones.

Hace unos cinco años, poco después del Día de Acción de Gracias, fui a hablar con mi papá sobre algunos de estos temas que planteaba el libro. Cuando llegué a su casa, resultó que no estaba, así que comencé a hablar con algunos de mis hermanos que todavía vivían allí. Recibí diferentes reacciones de parte de ellos. Finalmente mi papá entró y se sentó. Escuchó por un momento, y luego, con una voz autoritaria que nunca había escuchado antes, dijo: “¡Deja ese libro y no lo vuelvas a mencionar en esta casa!”.

Sabía que estaba a punto de descubrir algo grande. Hablé con algunas otras personas, pero luego el obispo me comenzó a perseguir. No me di cuenta cuánto se había ofendido. Los amish valoran mucho a sus antepasados y sus tradiciones. Todo se convirtió en una especie de circo. Pronto, toda la comunidad supo que estaba abordando temas problemáticos, creando conciencia. Estaba confrontando nuestras arraigadas tradiciones. El obispo dijo que no quería defender necesariamente la radiestesia, pero como uno de los diáconos que él conocía todavía la practicaba, tampoco quería condenarlo.

Sentí que tenía pruebas fehacientes de que esta costumbre estaba errada, pero no se nos permitió condenarla porque nuestros antepasados la habían practicado. La radiestesia abre la puerta a la adivinación. Algunas personas usarán la varilla para otros fines. Le harán preguntas sobre el futuro. Saben que la práctica no se basa en la ciencia, pero atribuyen los resultados a Dios. También me enteré de que otras personas recurrían a otras prácticas ocultistas, pero la situación se estaba encubriendo. Mi esposa y yo estudiamos más sobre el Espíritu Santo con el aporte de algunos amigos cercanos. Nos interesamos en ciertos ministerios proféticos bíblicos, ¡una locura para un chico amish! Me hice conocido como un rebelde.

Una foto tomado en el momento en que la famlia salía de la iglesia Amish.

Por esa época, Malinda estaba estudiando la Biblia. En nuestra iglesia amish los ministros son los predicadores; los laicos no tienen la oportunidad de compartir. Al resto de nosotros se nos dan pasajes específicos seleccionados para leer en el próximo servicio. Nuestros líderes nos desaniman de querer profundizar demasiado en la Palabra o estudiarla por nuestra propia cuenta porque temen que seamos engañados.

Cuando Malinda leía un pasaje, decía: “Mira esto, David, ellos lo predican de esta manera, pero la Biblia lo dice de esta otra”.

Yo respondía: “No puedes ir en contra de lo que enseñan los predicadores”, a lo que ella respondía: “Pero ellos no están predicando lo que dice la Biblia”.

Me volví más consciente de lo que enseñaban los predicadores. Siempre nos exhortaban a mantener las tradiciones de los ancianos. Se dice que nuestras tradiciones están basadas en la Biblia, pero lamentablemente, al igual que los fariseos, confiamos en las tradiciones más que en Dios. En Mateo 15, los fariseos y los maestros de la ley religiosa persiguieron a Jesús por permitir que sus discípulos quebrantaran los mandamientos (como lavarse las manos). Jesús les dijo que estaban violando los mandamientos directos de Dios debido a sus tradiciones. Me di cuenta de tantas similitudes entre los judíos ortodoxos y los amish. Si miras una foto de un hombre amish y un judío con atuendo negro y sombrero de ala ancha, es difícil notar la diferencia. De hecho, me han preguntado si puedo hablar hebreo. Yo digo: “No, no soy judío, soy amish”.

Malinda y yo profundizamos en la Palabra. ¡Amamos la iglesia del Nuevo Testamento! Teníamos tantas preguntas: “¿Por qué no tenemos esas experiencias (del Nuevo Testamento)? ¿Por qué nadie habla en lenguas?”. Nadie respondió a mis preguntas.

La mayoría de los amish de nuestra comunidad piensan que no puedes saber si vas a ir al cielo o no. Creo que esto demuestra de que los amish, como los judíos, son muy legalistas, con mentalidad del Antiguo Pacto. Confiesan a Jesús, pero creen en una salvación basada en obras. Es muy confuso. No comprenden la parte más emocionante del Evangelio, ¡que Jesús pagó el precio de nuestra expiación a través de nuestra fe en Él!

Al crecer, no obtuvimos mucha información sobre el bautismo. A los dos nos habían bautizado por aspersión cuando éramos jóvenes. Solía preguntarme por qué no practicamos el bautismo por inmersión como lo hacían en el Nuevo Testamento, y luego uno de los parientes de Malinda le dio un libro que explicaba lo que significaba el bautismo en el idioma original. Aprendimos que la inmersión es el método bíblico para el bautismo. Estudiamos Romanos 6, que dice que somos “sepultados con Cristo” mediante el bautismo. Cuando te entierran en la tumba de agua, es como si tu viejo hombre estuviera siendo sepultado. Eres una persona nueva. Descubrimos que la inmersión es la forma más común de bautismo, especialmente en los países perseguidos.

Nuestro dilema era este: ¿cómo se bautiza alguien por inmersión en la iglesia amish? No permiten el bautismo por inmersión. No estaba en nuestra tradición. Presenté nuestro deseo al ministerio y no me fue bien. Ellos no lo harían. Nos dijeron que estábamos descontentos y que nuestras familias nos excomulgarían y condenarían si nos bautizábamos por inmersión.

Esto nos llevó a la decisión más difícil de nuestros treinta y tres años de vida: Obedecer a Dios o al hombre. Ambos éramos parte de familias muy unidas. La posibilidad de ser apartados de ellos era más que dolorosa. Y sin embargo, sentimos que necesitábamos someternos a Dios en todo lo que nos pedía hacer.

Desesperado, clamé a Dios por una palabra de confirmación. Uno o dos días después, un carro llegó hasta nuestra casa. Dentro había una dama que apenas conocía. Sus mejillas estaban empapadas de lágrimas.

Le pregunté: “¿Por qué está aquí?”Ella me dijo: “El Espíritu Santo me envió”. Ella relató que durante una semana, el Espíritu Santo le había puesto una carga pesada para orar por nosotros.“¿Por alguna razón específica?”. Yo pregunté.Ella dijo que no y nos aseguró que no sabía nada de nuestro dilema.“Entonces, ¿no nos está diciendo que volvamos a la forma de pensar de los amish?” Le pregunté.“No, en absoluto”.

Doy gracias al Señor por su confirmación. El 16 de junio de 2020, Malinda y yo fuimos bautizados por Mark Smith en Crystal Lake, Iowa. Fue una experiencia maravillosa salir del agua sabiendo que habíamos hecho lo que Dios quería. Animo a todos a seguir a Cristo a través del bautismo, es mucho más simple que otras cosas que Dios nos pide que hagamos, como tener siempre pensamientos puros.

Fue tan simple, pero nos costó muy caro.

Cuando nuestra iglesia se enteró de que habíamos sido bautizados por inmersión, nos expulsaron. Fuimos condenados. Fue difícil. Acabábamos de ser bautizados; no queríamos perder a nuestras familias ni a nuestra iglesia. Antes de esto éramos unidos con nuestras familias. Ahora nuestros hermanos y hermanas piensan que “fuimos demasiado lejos”, que estamos locos. Los familiares de Malinda en Wisconsin creen que abandonamos nuestra fe. Su madre le envió una carta diciéndole que ya no era bienvenida en su hogar. No somos bienvenidos a asistir a funerales o a bodas, incluyendo a los de los miembros de nuestra propia familia.

La familia Borntreger hoy, frente a la Primera Iglesia de la Biblia Abierta en Clear Lake, Iowa.

Nos convertimos en marginados. Nos echaron de nuestra iglesia. La gente de nuestra comunidad amish no puede tener tratos comerciales con nosotros. Casi todos nuestros conocidos amish nos condenan y murmuran de nosotros. Nuestros hermanos menores, aunque están más abiertos, no nos pueden hablar. No quiero causar más problemas, así que no trato de hablar con ellos. Hace poco pasé por una subasta de granjas amish y todos me miraron fijamente como si me iba a ir al infierno.

Todavía estamos sufriendo. Pero estamos muy agradecidos por nuestra familia en la Primera Iglesia de la Biblia Abierta en Clear Lake, Iowa, especialmente Will y Joyce Hunsaker y Adam y Katie Henaman, quienes nos dan consejos sobre nuestro caminar con el Señor.

Le tomamos la palabra a Jesús cuando nos dijo que debíamos “ir, y hacer discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”. Este simple acto de obediencia nos ha costado caro, pero ha valido la pena.

About the Author

David y Malinda Borntreger viven en Northwood, Iowa, y asisten a la Primera Iglesia de la Biblia Abierta en Clear Lake, Iowa. David trabaja por cuenta propia y pasa gran parte de su tiempo criando cabras y cultivando verduras. Los Borntreger tienen nueve hijos.

Para ver el testimonio de David y Malinda, diríjase a:
Disponible solo en inglés.

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Belleza entre las cenizas:  Dios obra en medio de los incendios de Spokane 

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El 1 de agosto de 2026, tres incendios forestales que avanzaban a gran velocidad, avivados por una combinación de fuertes vientos y condiciones de sequía peligrosa, arrasaron la zona de Spokane. Los incendios de Old Trails, Autumn Lane y Fairview, agrupados bajo el nombre de «Complejo de Spokane», dañaron o destruyeron cientos de viviendas y otras estructuras, y obligaron a miles de personas a evacuar.  

Siete iglesias de la Biblia Abierta y otras iglesias afiliadas a la Biblia Abierta atienden a comunidades en toda el área de Spokane, y todas se vieron afectadas de alguna manera por los incendios. Sin embargo, tres de ellas se encontraron en la trayectoria directa del incendio más destructivo: El incendio Old Trails. Las iglesias Turning Point y Foundation fueron sometidas a una orden de evacuación de nivel 3, lo que obligó a desplazar a los miembros de sus comunidades, mientras que la iglesia Riverside Real Life perdió su edificio por completo. Los pastores de Turning Point y Riverside cuentan lo que vivieron mientras el fuego arrasaba sus comunidades y cómo, en medio de una pérdida tremenda, vieron a Dios proveer a través de la generosidad, las oraciones y el apoyo práctico de la Iglesia.  


De Melissa Stelly, pastora ejecutiva de la iglesia Turning Point de la Biblia Abierta:  


La columna de humo furioso en el horizonte me llenó inmediatamente de pavor mientras conducía hacia la tienda de comestibles. Los fuertes vientos impulsaban las llamas a través de la tierra reseca con tal rapidez que, según comentó asombrado un bombero, aunque lo hubiera intentado, no habría podido correr más rápido que el fuego. Cientos de personas huían desesperadamente de sus barrios, congestionando las pocas vías de salida, mientras veían las llamas en sus espejos retrovisores. Hubo historias desgarradoras de personas que llamaban a sus familiares para despedirse porque no creían que pudieran escapar a tiempo.  

Y, sin embargo, no se cobró ninguna vida. 
 

Y, sin embargo, no se cobró ninguna vida. 

Nuestra iglesia quedó bajo una orden de evacuación de nivel 3, y muchos hermanos de nuestra congregación tuvieron que abandonar sus hogares, ya sea porque los perdieron por completo a causa de las llamas o debido a las sustancias tóxicas que invadieron sus casas a raíz de los incendios a su alrededor. De inmediato, nuestra familia de la iglesia respondió con llamadas y correos electrónicos, ofreciendo sus hogares a los afectados, además de tarjetas de regalo, dinero, ropa e incluso cuidados para sus mascotas. Los líderes de Spokane se reunieron en la escuela secundaria local e invitaron a líderes religiosos, organizaciones sin ánimo de lucro, educadores y representantes del gobierno a unirse para optimizar los recursos, establecer un sistema de ayuda y colaborar. Desde entonces, las iglesias de Spokane han identificado una brecha en la respuesta ante crisis y están organizando una red de iglesias para encabezar la ayuda de emergencia y la respuesta ante crisis en nuestra ciudad.  

Me enorgullece la movilización inmediata de nuestra congregación, que donó generosamente y puso la fe en acción al satisfacer necesidades, abrir sus hogares y ofrecerse como voluntarios en refugios y actividades de alcance comunitario. Una mujer de nuestra iglesia, que perdió su hogar en el incendio, compartió entre lágrimas lo abrumada que se sentía por el apoyo que recibió. La familia de la iglesia le regaló muchas de tarjetas de regalo, le compró ropa, donó generosamente a la iglesia para cubrir sus necesidades económicas y la llamaban constantemente para orar con ella. 

Como pastora, fui testigo de cómo este versículo se cumplía: «a fin de capacitar al pueblo de Dios para la obra de servicio, para edificar el cuerpo de Cristo» (Efesios 4:12, NVI).   


Nuestra iglesia, Riverside Real Life Church, y todo el vecindario circundante quedaron destruidos por el incendio de Old Trails que azotó la comunidad de Spokane. Como nos encontrábamos en el centro de la zona afectada, cientos de personas que consideran Riverside su iglesia tuvieron que abandonar sus hogares, al menos temporalmente. Alabado sea Dios, la mayoría pudo regresar después de una o dos semanas; el número de hogares perdidos en nuestra congregación fue inferior a diez. Muchas casas del vecindario donde vive mi familia quedaron destruidas, pero gracias a Dios nuestra casa se salvó y regresamos a ella después de nueve días. 

La respuesta de nuestra comunidad y de otros ha sido increíble. Me han contactado cientos de pastores e iglesias de todo el país, y lo más importante, de toda la familia de la Biblia Abierta. Estoy convencido de que las oraciones a nuestro favor han marcado la diferencia, ya que Dios nos ha abierto una puerta tras otra. El 6 de septiembre tuvimos nuestro primer servicio dominical desde los incendios en una escuela secundaria cerca de donde estaba el edificio de la iglesia. Nos reunimos con el lugar repleto para reconectarnos, adorar a Dios y mirar hacia el futuro.  

There are significant complications, but they are not barriers for Him.

Gracias a la generosidad de las iglesias de todo el país, hemos podido brindar una ayuda económica significativa a las familias y personas que han perdido sus hogares, reiniciar nuestro sistema de grupos pequeños, poner en marcha un servicio dominical móvil del que podemos estar orgullosos y continuar con nuestra misión de «Alcanzar al mundo para Jesús».   

Estoy muy agradecido con todas las personas e iglesias que nos han apoyado con su cuidado, sus recursos económicos y sus oraciones. Cuando los líderes de las iglesias me preguntan cómo pueden orar, les digo: «Por favor, oren para que Dios nos conceda su favor en el proceso de reconstrucción. Hay complicaciones importantes, pero para Él no son obstáculos». 

Gracias, amigos y familia de la Biblia Abierta. No podría estar más agradecido por su cuidado y apoyo; han significado mucho para mí. 


En medio de la tragedia, la bondad y la gloria de Dios fueron evidentes. Como dijo la pastora Melissa Stelly al compartir su historia: «El Señor nos protegió, el Señor nos proveyó y el Señor usó a su Iglesia para servir». Pero nada expresa mejor la gracia de Dios sobre Spokane que Isaías 61:3, NVI:   

ty a confortar a los dolientes de Sión. 
Me ha enviado a darles una corona 
    en vez de cenizas, 
aceite de alegría 
    en vez de luto, 
traje de alabanza 
    en vez de espíritu de desaliento. 
 

Isaías 61:3 (NIV) 

Sobre la Autora

Hannah Bemis se desempeña actualmente como editora y directora de Message of the Open Bible. Desde pequeña, siempre quiso hacer muchísimas cosas al crecer, y Dios ha tenido la bondad de permitirle realizar la mayoría de ellas a lo largo de distintas etapas de su vida. Estas etapas han incluido la crianza de sus hijos, la enseñanza, la escritura y el ministerio pastoral; su aventura más reciente ha sido la fundación y el pastoreo de la iglesia College Street Church en Newberg, Oregón, junto a su esposo, Jordan. Después de Jesús y de todas sus personas favoritas, dedica el resto de su entusiasmo —a partes iguales— a la pizza y al chocolate negro.

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¡Me rindo! 

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Cuando mi esposo y yo nos acabábamos de casar, nos gustaba mucho el juego de mesa «Risk». El objetivo del juego es conquistar el mundo colocando estratégicamente tus fichas de ejército en un mapa gigante, conquistando todos los territorios del tablero y eliminando al resto de los jugadores. Desde su creación en 1957, «Risk» sigue deleitando a muchos. Por desgracia, algunos de nosotros no somos tan estratégicos como otros y el juego nos ha resultado un poco menos divertido.

Después de varias semanas seguidas jugando todas las noches y más o menos el mismo número de veces perdiendo, nuestra racha matrimonial de «Risk» culminó en un momento en el que yo (perdiendo, otra vez) me incliné hacia delante y con ambas manos barrí nuestros ejércitos del tablero, lanzándolos al otro lado de la habitación. Jordan y yo nos quedamos sentados en un silencio un poco atónito, rodeados de nuestras tropas aniquiladas.  

Durante gran parte de mi vida tuve la mala costumbre de abandonar las cosas antes de tiempo. Si sentía que no lo estaba haciendo bien o que corría el riesgo de perder, me retiraba antes de que se produjera el fracaso. Me rendía. 

Los israelitas tuvieron un instinto similar cuando se encontraron a las puertas de la Tierra Prometida. Al ver el tamaño y la fuerza de sus enemigos, reaccionaron más o menos así: «Ya veo cómo va a acabar esto. Preferimos rendirnos antes que perder». Al abandonar al plan de Dios, se rindieron. 

A medida que se acercan el Día de Acción de Gracias y la Navidad, he estado pensando mucho en rendirme. Mi viejo instinto de autosabotaje, que surge cuando creo que no estaré a la altura, sigue acechándome en situaciones de mucha presión (organizar una gran reunión festiva, comprar el regalo perfecto, preparar un hermoso servicio para el Adviento). Pero, sobre todo, he estado pensando en otro sentido de «rendirse». 

Cuando el ángel se le apareció a María, que aún era una adolescente, y le explicó que había sido elegida para llevar en su seno al Mesías, y darlo a luz (la situación más estresante que se pueda imaginar), ella no se echó atrás. Su respuesta fue sencilla: «He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra» (Lucas 1:38, RVR-1960). Siguió adelante, pero el hacerlo le exigió renunciar a sus planes, a su reputación y a un futuro que le resultaba familiar.  

Esta versión más noble de la renuncia se entreteje a lo largo de toda la historia de la Navidad: José renunció a su plan de divorciarse de su prometida embarazada; los pastores renunciaron a una noche de normalidad para investigar una interrupción sagrada, y los magos del Oriente dieron de su tiempo y sus tesoros para adorar a un rey que se apareció de forma inesperada. Cada uno de ellos renunció a algo personal para colaborar con el plan de Dios. 

Si lo observas con atención, descubrirás que el tema de la renuncia también está presente a lo largo de este número de «El mensaje de la Biblia Abierta». En este artículo de Danielle Smith, unos adolescentes de Nogales renunciaron a sus expectativas sobre cómo debía ser su viaje misionero y descubrieron que Dios ya estaba obrando en los planes modificados. En nuestro artículo principal sobre los incendios de Spokane, las iglesias de esta ciudad se sacrificaron ofreciendo sus hogares, dinero, tiempo y atención cuando sus vecinos lo perdieron casi todo. Y el artículo «Cinco cosas» de Jessica Sanford nos invita a renunciar a aquello con lo que todos luchamos durante las fiestas: Expectativas poco realistas, agendas sobrecargadas y la presión por crear la Navidad «perfecta». 

Ahora que se acercan de nuevo las fiestas, te invito a que te unas a mí para correr un riesgo (¿ves lo que hice ahí?): «¡Ríndete!» No al retirarte del juego, sino al entregar las fichas que son irrelevantes a favor del Único que sí importa. Después de todo, cuando Jesús se enfrentó a lo que parecía una derrota segura, se mantuvo en el juego por voluntad propia y a sabiendas. Al igual que María, su madre lo hizo, Él mismo se puso en el tablero.  

«Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu» (Lucas 23:46, RVR1960). Rindiéndose al plan de Dios, Jesús se entregó. 

Dios, muéstranos qué significa entregarnos por completo a ti. Que esta sea una época de entrega santa para todos nosotros.  


Sobre la Autora

Hannah Bemis en la actualidad trabaja como editora y directora de El Mensaje de la Biblia Abierta. Siempre quiso hacer muchísimas cosas cuando fuera mayor, y Dios le ha permitido realizar la mayoría de ellas en diferentes etapas de su vida. Después de dedicarse a la crianza de los hijos, la enseñanza, la escritura y el trabajo pastoral, la aventura más reciente de Hannah y de su esposo Jordan ha sido la plantación de la iglesia College Street Church en Newberg, Oregón. Después de Jesús y de todos sus seres queridos, su pasión la dedica en forma proporcional a la pizza y al chocolate negro. 

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Cinco maneras de mantener la paz durante estas fiestas 

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Las fiestas pueden despertar una gran variedad de emociones, que van desde la expectación emocionada y la alegría hasta el estrés abrumador y, en ocasiones, el verdadero temor. ¿Cómo podemos mantener la paz y la salud emocional en esta temporada de fiestas sin dejar de mantener nuestros corazones centrados en Cristo? 


Desde mis primeros recuerdos, todas las cosas relacionadas con las fiestas navideñas me fascinan: Las reuniones con la familia y los amigos, la comida que se comparte alrededor de la mesa, las decoraciones, el aroma del pastel de manzana horneándose en el horno y la sidra cocinándose a fuego lento, las tradiciones familiares y todos los momentos que hay entremedio. Y no debemos olvidar los queridos clásicos La navidad de Charlie Brown y mi película favorita, ¡Qué bello es vivir! 

No se trata solo de una cosa; más bien, es la suma de muchas cosas, grandes y pequeñas, las que han hecho que estas fiestas sean tan memorables. 

Una tradición particularmente especial en nuestra casa es celebrar el Día de Acción de Gracias e invitar a cada una de nuestras familias a unirse a nosotros. A lo largo de los años, nos hemos divertido dándole nuestro propio toque a este día; casi nunca preparamos pavo y, en su lugar, optamos por carne de res asada. (Lo sé; es una locura, ¿verdad?) 

La paz de corazón y de mente está a nuestro alcance, pero debemos luchar por ella.

Pero por mucho que me guste esta época del año, no soy ingenua respecto a la tensión que existe entre mis expectativas de cómo deberían ser las fiestas y lo que a menudo terminan siendo. (¿A alguien más le pasa que su familia termina contagiándose de un virus estomacal justo cuando la temporada festiva está en pleno apogeo?) Tampoco puedo evitar darme cuenta de cómo los días entre el Día de Acción de Gracias y la Navidad a menudo se vuelven borrosos mientras pasamos de una actividad a otra. Recuerdo una noche de Navidad en particular, hace varios años, cuando le dije a mi esposo mientras nos acostábamos: «Qué bien que ya se acabó la Navidad». ¡Ay! No creo que esa fuera las «buenas nuevas de grande gozo» que el ángel del Señor tenía en mente cuando reveló que el Mesías había nacido.

Lamentablemente, la alegría y la belleza de esta época pueden perderse rápidamente mientras nos enfrentamos a los desafíos que traen consigo las fiestas: Agendas sobrecargadas, compromisos adicionales, dinámicas familiares complejas, ansiedad, altas expectativas (tanto de los demás como de nosotros mismos), duelo, pérdida y soledad profunda, por mencionar solo algunos. Estos desafíos, sumados a la necesidad de hacer malabarismos con las exigencias de la vida cotidiana, pueden robarnos rápidamente nuestra paz y nuestra salud emocional si no tenemos cuidado. 

Es interesante que, en Lucas 2:13-14 (NTV), el anuncio del nacimiento del Salvador a los pastores también viniera acompañado de una proclamación de paz: 

De pronto, se unió a ese ángel una inmensa multitud—los ejércitos celestiales—que alababan a Dios y decían: 
 «Gloria a Dios en el cielo más alto 
    y paz en la tierra para aquellos en quienes Dios se complace». 

La paz del corazón y de la mente están a nuestro alcance, pero debemos luchar por ellas. Aunque no es una lista exhaustiva, a continuación, te presentamos algunas medidas prácticas que podemos tomar para proteger nuestra paz durante estas fiestas: 

Que tengas unas fiestas bendecidas y llenas de paz, en las que puedas crear nuevos recuerdos y, si es posible, disfrutar de mucho pastel de manzana (con helado encima, por supuesto). 


Sobre la Autora

Jessica Sanford en la actualidad, Sanford es líder de discipulado en la iglesia Fort DSM de la Biblia Abierta, en Des Moines (Iowa). Como mentora, coach y amiga, le apasiona acompañar a las personas en su peregrinaje espiritual y emocional hacia la sanidad y la plenitud en Cristo. También disfruta de su papel como esposa de Matt y madre de dos hijos adultos y una nueva nuera. Sin embargo, su mayor gozo es ser la hija amada de Dios, plenamente apreciada y conocida por Él.

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