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El avivamiento no vendrá del gobierno

Por Bill Francavilla 


Todos tenemos días en los que nos preguntamos qué le ha pasado a la sociedad. La causa puede ser un evento que vemos en las noticias o en las redes sociales. Pero muy pocos de nosotros lo experimentamos en forma directa.

Nunca olvidaré la mañana del 17 de abril de 2016. El domingo por la mañana temprano, antes de que el resto de mi familia se despertara, me dirigí al supermercado para comprar algunas cosas para el desayuno. No tenía idea de que otra persona se dirigía al mismo supermercado pero con un propósito muy diferente.

Me gustaría decir que hice el papel de un héroe, pero cuando escuché disparos y a uno de los cajeros gritando para que todos salieran, mi reacción fue correr lo más rápido posible. Salí por la puerta principal a salvo junto con dos empleados y me desplomé en el frente de la iglesia de al lado donde llamé al 911.

La policía local y los paramédicos hicieron un trabajo de primera y pronto detuvieron al tirador. Se determinó que había actuado solo. Lamentablemente, un hombre de mi misma edad que había ido al mismo supermercado con un propósito similar al mío ahora estaba muerto. Dejó una esposa, una hija pequeña y un bebé por nacer.

Más tarde ese día, en los reportes de noticias se mencionó a muchas personas que no presenciaron el incidente diciendo: «¡Este tipo de cosas nunca ocurren aquí!».

No obstante, nuestra ciudad tuvo que afrontar el hecho de que acabábamos de sufrir un tiroteo fatal.

Desde entonces, hace cinco años atrás, me he preguntado cómo pudo haber ocurrido un hecho tan violento en un entorno tan inocente. Más importante aún, quería saber cómo evitar que vuelva a suceder algo así.

No es ningún secreto, hemos visto una decadencia en la moralidad de nuestra cultura desde mediados del siglo XX, y como resultado, un aumento en el crimen, la pobreza, las perversiones sexuales y la apatía.

Quizá lo más alarmante y no es por casualidad, vivimos en una época en la que nuestra cultura se opone cada vez más a las cosas de nuestro Dios.

Hemos visto remover de los edificios de la corte los Diez Mandamientos, presiones para eliminar del Juramento a la Bandera la frase «bajo Dios» y una devaluación de un funcionario electo que jura su cargo sobre la Biblia.

Cuando se retiró la oración de la escuela pública en el año 1962, de repente millones de jóvenes estadounidenses dejaron de orar por su país con una fe de niños. Como cristianos, es fácil preguntarnos: «¿Qué esperábamos?»

Por supuesto, el pecado se infiltraría y golpearía a los pueblos pequeños de Estados Unidos; solo era una cuestión de tiempo. Estamos lejos de la primera cultura con raíces cristianas para afrontar la secularización de la sociedad, y ciertamente no seremos los últimos. La pregunta que enfrentamos es esta: ¿Qué debemos hacer al respecto, nosotros el pueblo de Dios?

Cada cuatro años, muchos cristianos votan como si sus vidas dependieran de ello. Sin comprometerse nunca con el prójimo, tiran de la palanca en la cabina de votación y salen como si hubieran logrado algo noble.

Aunque es de suma importancia votar, ese acto sólo puede llegar hasta cierto punto. Claro, de vez en cuando aparece un funcionario electo que creemos que va a «arreglar las cosas». Pero, ¿realmente esperamos que la reforma llegue mediante un acto legislativo?

Todavía hay una cultura a la que estamos encargados de ministrar.

Cuando el rey Josías subió al trono, quizá fue puesto en una de las posiciones más incómodas de la historia de Israel. A Josías se le encomendó reinar sobre un pueblo abiertamente rebelde a su Dios, a la edad de ocho años.

Su padre, el rey Amón, reinó sólo dos años y había demostrado ser débil e ineficaz. Su abuelo fue el infame rey Manasés, un rey tan malvado que sacrificó a sus propios hijos a dioses falsos. Sin embargo, después de 45 años, Manasés fue humillado por Dios y vivió los diez años restantes de su reinado sirviendo a Dios.

Aunque Manasés trató de reformar su reino en la última parte de su reinado, la cultura ya había dado un giro peligroso hacia la idolatría y la falsa adoración. Poco pudo hacer para cambiar el corazón del pueblo.

Ahora, el niño rey Josías recibió la tarea del profeta Sofonías, nada menos que su primo lejano, de reformar su nuevo reino. Sin embargo, Sofonías no le dijo a Josías que el cambio vendría de su gobierno; vendría a través de un acto de arrepentimiento y oración.

Busquen al Señor, todos los humildes de la tierra,
    los que han puesto en práctica sus normas.
Busquen la justicia, busquen la humildad;
    tal vez encontrarán refugio
    en el día de la ira del Señor.

Sofonías 2:3

En 2 Crónicas 34 se nos dice que cuando Josías tenía 16 años, comenzó a buscar al Señor, y cuando tenía 20 años, limpió a Jerusalén y a Judá de todos sus ídolos y dioses falsos. Pero nada pudo prepararlo para lo que vería a la edad de 26 años. Mientras continuaban sus reformas, Josías tomó la decisión de reparar el templo del Señor donde se descubrió el «Libro de la Ley del Señor», y por primera vez desde hace mucho tiempo, la gente escuchó la ley y se arrepintió.

Creo que las palabras de Sofonías hoy pueden aplicarse a nosotros. Como somos estadounidenses y no tenemos rey, la gente debe buscar al Señor, buscar la justicia y buscar la humildad. A menos que la gente de esta nación busque al Señor y ore por un verdadero avivamiento, elegir a un hombre o una mujer justos para la presidencia puede ser de mucha ayuda solo hasta cierto punto.

Lo crea o no, esta no es la primera depresión moral de los Estados Unidos. Justo después de la revolución, nuestro nuevo país tenía índices increíblemente altos de embriaguez, crimen y blasfemia. Las iglesias perdían más miembros de los que ganaban.

El difunto ministro e historiador bautista J. Edward Orr escribió sobre esto en su artículo «Prayer and Reviva» (Oración y Avivamiento). Cita al presidente del Tribunal Supremo de los Estados Unidos, John Marshall, quien escribió al obispo de Virginia, James Madison, que la Iglesia «estaba demasiado perdida para ser redimida».1

¿Cómo cambió la situación? Fue a través de un esfuerzo en conjunto de oración. Sucedió cuando el pueblo de Dios decidió pedir al Señor su maravilloso favor sobre nuestra nación. Cada avivamiento en la historia tiene la misma historia.

Esto era cierto en la época de Josías, al igual que lo es en la nuestra.

Cuando los pequeños pueblos de Estados Unidos ya no se sienten seguros, la gente tiende a preguntarse cómo hemos llegado a este punto y qué debemos hacer para cambiar la situación. La respuesta siempre será la oración.

Si usted considera que su iglesia es una casa de oración, entonces debería estar orando por el próximo avivamiento que tanto necesitamos, un movimiento que se hará sentir por generaciones.

El avivamiento de Josías no duró mucho, pero afortunadamente todavía tenemos las palabras de Sofonías para guiarnos, como pueblo de Dios, de vuelta a nuestra herencia espiritual.

1 Orr. J. Edwin. Prayer and Revival. s.f.  Disponible en inglés solamente. https://jedwinorr.com/resources/articles/prayandrevival.pdf

Sobre el Autor


Bill Francavilla y su esposa, Jessica, son pastores de la Iglesia Living Hope en Williamsburg, Virginia. Bill ha servido en muchos ministerios diferentes, desde dar clases de enseñanza bíblica en escuelas secundarias hasta servir como capellán en una comunidad de jubilados. Tiene una maestría en estudios teológicos de la Universidad Liberty y ha participado activamente en misiones en México, República Dominicana y Cuba. Bill y Jessica tienen cuatro hijos: Alex, Liam, Rita Grace y Gino.

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