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Mi viaje hacia la economía de Dios

Por Brian Ehlers 


La paciencia amorosa de Dios fue evidente a medida que me arrancaba de mi estructura económica y me llevaba a la suya. Crecí en una familia de siete miembros, con cuatro hermanos mayores. Mi papá era un niño de la era de la depresión que sabía cómo ahorrar un centavo, y mi mamá no se oponía a que se gastaran los centavos ahorrados. 

A veces mi padre tenía dos o tres trabajos, y después de que yo empezé a ir a la escuela, mi madre también trabajaba siempre fuera de la casa. Siempre tuvimos lo que necesitábamos, pero en mi hogar era obvio la preocupación financiera. Los estudios demuestran que las dificultades económicas son las primeras en la lista de problemas matrimoniales, y eso es lo que ocurría en mi casa. En ese ambiente me propuse desde muy joven que iba a ir a la universidad, obtener un título y «¡hacer mucho dinero!». «Yo» iba a liberarme de la mentalidad de pobreza. «Iba a ser autosuficiente». Iba a tener más que suficiente. 

(De la izquierda) Brian, Hannah, Abigail, y Darcy

Cuando tenía unos 19 años, vendía libros de puerta en puerta en el verano para ganar dinero para la universidad. Una semana no vendí muchos libros, y dependía de esos ingresos para tener suficiente dinero para comer. Ese domingo por la tarde, acostado en la hierba detrás de un motel, tuve un encuentro personal con Dios. Le dije: «Dios, ni siquiera sé si existes, pero si es así, ven a mi vida».  

En ese momento sentí un cosquilleo que comenzaba desde la parte superior de la cabeza y me recorría hasta la planta de los pies y se detuvo. Este chico, educado en el luteranismo, no tenía cabida en su teología para eso. Me levanté y expliqué esto diciendo: «Era la forma en que el sol me iluminaba». Por lo que a mí se refería, nada iba a interponerse en mi objetivo de ir a la universidad y ganar «mucho dinero».

Mi papá era un niño de la era de la depresión que sabía cómo ahorrar un centavo, y mi mamá no se oponía a que se gastaran los centavos ahorrados.

Me gradué con un título en finanzas y comencé mi carrera secular. El Señor continuó persuadiéndome pacientemente para que tuviera una relación con Él. Por mucho que lo intentara, no podía negar las múltiples intervenciones divinas en mi vida, sobre todo el encuentro personal con Dios. El primer domingo de enero de 1990, a la edad de 26 años, acepté a Jesús no sólo como mi Salvador, sino también como mi Señor. El «Yo» y el «mío» tuvieron que convertirse en «Él» y en «Su». Nuevamente, Dios trabajó en mi con paciencia por medio de su gentil Espíritu. Recuerdo que me esforcé por dar 25 dólares a la semana a mi iglesia y realmente me felicité por ello. Luego aprendí sobre el diezmo (dar el diez por ciento de mis ingresos a la obra del Señor), lo comprendí. En ese momento, estaba dando el 9%. Pensé, ¿qué es un porcentaje más? Ahora sí que me estaba partiendo el brazo con las palmadas de auto-felicitaciones. Recuerdo en ese momento haber terminado de pagar un automóvil y luego tener esta pequeña charla inteligente conmigo mismo: «Bueno, mejor me voy a comprar otro automóvil y adquirir una cuota por este o Dios podría solicitar más de ‘mi’ dinero». Así que eso es lo que hice. Gracias a Dios por su paciencia. 

No mucho después de la compra del nuevo automóvil, mi pastor invitó a un ministro itinerante para que viniera a hablar a nuestra iglesia sobre la «libertad financiera». La idea de salir de las deudas realmente resonó en mi espíritu. «No debáis a nadie nada, sino el amaros unos a otros; porque el que ama al prójimo, ha cumplido la ley» (Romanos 13:8, RVR). Mordí el anzuelo de Dios: anzuelo, línea y plomada. Estaba motivado, metido de lleno en el asunto. En ese momento, tenía deudas de tarjetas de crédito, préstamos estudiantiles, un préstamo para el automóvil y una hipoteca. No era una cantidad enorme de dólares para los parámetros actuales, pero para mí era una montaña. Sin embargo, descubrí que cuando uno empieza a hacer las cosas a la manera de Dios, Él se involucra. Cuando comencé a ser obediente a Él, Él me bendijo en el camino. A continuación, algunos ejemplos de su bendición: 

  • Dios me había llamado al ministerio vocacional cuando la empresa para la que trabajaba fue vendida. La bonificación de reparto y el año de indemnización por despido me proporcionaron lo que necesitaba para realizar la capacitación en teología a distancia y la transición al ministerio.  
  • Mientras mi futura esposa, Darcy, y yo hacíamos planes para casarnos, le manifesté mi deseo de tener un trabajo a medio tiempo que cubriera nuestros gastos. Poco después, me pidieron que trabajara en la Biblia Abierta del Este, a medio tiempo, por un salario que era justo lo que necesitábamos.  
  • Durante un tiempo, serví como pastor a tiempo completo con un salario que era sólo una fracción de lo que ganaba en el mundo secular. (Esto fue posible gracias a nuestra libertad financiera.) Entonces recibí una llamada de la empresa que había comprado mi antiguo empleador, informándome de que me habían estado buscando. Me dijeron: «¿Sabe usted que tiene acciones? La empresa va a ser comprada y hay que liquidar las acciones». Mi respuesta aturdida fue: «Uh, no». 
  • Cuando Darcy y yo adoptamos a dos niñas gemelas, estábamos totalmente dispuestos a pagar todos los gastos que ello conllevaba. El único año en el que el congreso concedió un crédito totalmente reembolsable de los gastos de adopción, coincidió con el año en el que las adoptamos. Incluso nuestros gastos de viaje a Florida, donde nacieron las niñas, y de vuelta a Ohio, donde vivíamos, estaban cubiertos. 

Doy gracias a Dios por haber cambiado pacientemente un corazón de piedra de «¡ganar mucho dinero!» por un corazón moldeable que pudo conocer el gozo de la generosidad.    

A lo largo de este viaje, he encontrado que los «Siete pasos de bebé» de Dave Ramsey son una gran ayuda (https://www.ramseysolutions.com/dave-ramsey-7-baby-steps): 

1. Ahorre 1.000 dólares para su fondo de emergencia inicial. 

2. Pague todas las deudas (excepto la de la casa) utilizando el método «Bola de nieve». 

3. Ahorre de tres a seis meses de gastos en un fondo de emergencia. 

4. Invierta 15% de su ingreso mensual para su retiro. 

5. Ahorre para el fondo universitario de sus hijos. 

6. Pague su vivienda en forma anticipada. 

7. Genere un patrimonio y haga donaciones. 

Otro recurso útil es la capacitación gratuita en línea: https://naefinancialhealth.org/ 

Sobre el Autor


Brian Ehlers y su esposa, Darcy, llevan 22 años casados. Tienen dos hijas gemelas de 11 años, Hannah y Abigail. Brian trabajó en la industria de fondos mutuos hasta que Dios lo llamó al ministerio vocacional sirviendo como asistente ejecutivo en la Biblia Abierta del Este, luego como pastor principal de una iglesia local, después como asistente y director de plantación de iglesias en la Región Este, y ahora como secretario/tesorero de las Iglesias de la Biblia Abierta.

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