Connect with us

Spanish

Nuestra Navidad en Camboya

Published

on

por Som Rasavanh  

Cada vez que mis recuerdos de Facebook aparecen en diciembre, recordándome las fotos que publicamos cuando estuvimos en Camboya en la Navidad del 2016 me produce alegría. El aroma de las flores tropicales, el del hibisco y el de la ciruela persisten en mis recuerdos. Me encanta ver las fotos de nuestras dos niñas, Victoria y Sarah, jugando con los pollitos que criaron Ly y Sarin Mak, directores del LifeSong Learning Center (LLC).

Otra de las fotos favoritas es la de las niñas con los jóvenes del LLC con un pie de foto que dice: «¡Está claro, aqui Sarah es la favorita!». Aunque el viaje fue hace cinco años, no parece que haya pasado tanto tiempo. Tal vez todavía esté fresco en mi memoria y en mi corazón, porque cada año, cuando mi marido y yo volvemos a considerar la posibilidad de realizar un viaje al extranjero, específicamente al sudeste asiático, estamos convencidos de que el LifeSong Learning Center de Camboya será una de nuestras paradas frecuentes. 

Victoria y Sarah están rodeadas de niñas. Sarah es la chica más alta de la primera fila. Victoria está en la parte de atrás.

Para describir un poco el contexto, mi marido, Boun, fue uno de los siete hombres de la Iglesia LifeSong de la Biblia Abierta en Des Moines, Iowa, que participaron en un viaje misionero de corta duración a Camboya en el otoño de 2007. Los hombres visitaron algunos lugares destacados, recorrieron las aldeas y oraron por los lugareños. Utilizaron parte del dinero recaudado por nuestra iglesia para construir un área de juegos para una de las escuelas. No recuerdo todos los detalles, pero fue después de ese viaje cuando comenzó la visión de LLC. Recuerdo que me preguntaba cómo nuestra pequeña iglesia podía recaudar suficiente dinero para comenzar una escuela. Mirando hacia atrás, veo lo pequeña que era mi fe. Hoy LLC es otra confirmación de lo grande que es nuestro Dios. Como dijo Jesús en Marcos 10:27 (RVR60)«Para los hombres es imposible, mas para Dios, no; porque todas las cosas son posibles para Dios». 

Ly y Sarin son como un hermano y una hermana para mi familia. Mi marido y yo nos referimos a ellos como tales; nuestros hijos los llaman tía y tío. Cuando los Maks se trasladaron a Camboya para supervisar la construcción de la nueva escuela, siempre estuvo en los planes que los viéramos personalmente.

La Rasavanh familia: (fdesde la izquierda) Boun, Som, Victoria, y Sarah.

El reencuentro con Ly y Sarin en el 2016 fue tan maravilloso como lo esperaba. Lo mejor de todo fue que nuestras dos hijas pudieron acompañarnos. Habíamos viajado específicamente durante sus vacaciones de invierno para que pudieran venir. Victoria, la mayor, estaba en el último año de la Universidad Estatal de Iowa en Ames y Sarah, la menor, en el segundo año de secundaria.  

La noche que llegamos a Phnom Penh cenamos a la 1:00 a.m. hora local, lo que es una comida un poco tarde para la gente de Iowa. Antes de salir de viaje, Sarin le había preguntado a mi marido qué le gustaría comer durante su estadía en Camboya. Él le respondió nombrando unas cuantas frutas tropicales que estaba ansioso de comer. «Pedid y recibiréis» (Mateo 7:7). Sarin tenía sus frutas tropicales en fila. ¡La primera noche a eso de las 2 de la madrugada las probamos todas! 

Llegamos a Camboya sólo unos días antes de Navidad, listos para ponernos manos a la obra en todo lo que Ly y Sarin nos tenían preparado para el día de Navidad. Para nuestra sorpresa, habían planeado un divertido viaje de unos días a Siem Riep, a unas seis horas en automóvil desde Phnom Penh, para comer, ir de compras y hacer turismo. ¡Nada entusiasma más a las chicas que ir de compras! Por nuestra parte estábamos muy agradecidos de poder pasar este tiempo juntos con los Maks para ponernos al día antes de ir a LLC.  

Habría esperado que los Maks estuvieran un poco estresados por la planificación del evento del día de Navidad o que estuvieran enviando mensajes de texto y llamando a la gente para coordinar los últimos detalles, pero no percibí nada de eso. Estaban tranquilos y atentos a nosotros, es una de las muchas razones por las que los admiro tanto. Están tan arraigados en su fe. Confían en que Dios tiene el control. 

Al despertarme en la mañana de Navidad con las hermosas imágenes y sonidos de más de 800 niños recorriendo el Centro, me sentí igual como una niña descubriendo muchos regalos bajo el árbol en la mañana de Navidad, sólo que mejor. El evento del día de Navidad de LLC fue todo lo que había imaginado y mucho más. 

La noche anterior, la de Nochebuena, varios voluntarios se quedaron despiertos hasta pasada la medianoche, terminando la decoración y la preparación de la comida y los regalos. Ly y Sarin no pudieron dormir más que un par de horas esa noche, si es que durmieron.

Cientos de niños de los pueblos de los alrededores asisten a un programa navideño que incluye música, danzas y representaciones. 

Nos sorprendió saber que, al parecer, los niños del pueblo son madrugadores. Empezaron a llegar al centro a las 6 de la mañana. Afortunadamente, los Maks ya son expertos. Han preparado a líderes jóvenes y a una docena de amigos de la ciudad para que sean voluntarios cada año. Su equipo manejó una multitud de 1.000 personas con facilidad, un espectáculo increíble de ver. El escenario estaba decorado con orquídeas frescas y adornos navideños. Los niños disfrutaron de los típicos programas navideños, música, canciones y danzas, y una breve representación de María y el niño Jesús en el establo.  

Cuando llegó el momento de repartir los paquetes de regalos, Ly y Sarin se aseguraron de que ningún niño se quedara atrás. A cada uno se le entregó un paquete con un nuevo uniforme escolar, material para la escuela y una bolsa de almuerzo preparada con cariño. Las bolsas de almuerzo contenían un emparedado, un postre y una botella de agua. Al principio me sorprendió que los niños no se lanzaran de inmediato a sus bolsas de almuerzo para devorar sus golosinas, pero luego me enteré de que la mayoría de ellos querían llevarse sus bolsas a casa para compartirlas con sus familias. 

Boun, Victoria, Sarah y yo tuvimos muchas oportunidades de ayudar a repartir los paquetes de regalo y las bolsas de almuerzo y de posar para las fotos. Fue un día lleno de tanto gozo y bendición para todos, ¡lleno de caras alegres y sonidos de algarabía! Mi corazón estaba tan satisfecho y mi espíritu en la gloria. Estaba muy agradecida de que mi marido y yo pudiéramos participar en el evento y, lo que es más importante, de que nuestras hijas formaran parte de este proyecto tan único. 

El viaje fue una lección de humildad para nuestras dos hijas. Les ayudó a entender la alegría de dar y servir en cualquier capacidad y les mostró que podían brindar mucha alegría a los demás. Después, Sarah se unió al equipo de adoración de la iglesia LifeSong y comenzó a ayudar en la escuela dominical, cuando su horario se lo permite.

Ella cuenta su experiencia: 

Por aquel entonces, acababa de cumplir 16 años. Era joven y no tenía mucho interés en Dios; quizá incluso era escéptica con respecto a Él. Sabía que nuestra iglesia llevaba a cabo estos programas [en Camboya] y que seguíamos haciendo donaciones para esta causa, pero ahí llegó mi contribución. Cuando fuimos a Camboya, pude ser testigo del trabajo de la iglesia, en realidad de Dios, delante de mis propios ojos. Creo que después de pasar tanto tiempo con los otros niños y ver cómo se realizaban los preparativos, pude entender mejor cómo trabaja Dios en todos y en cada uno de los individuos. Lo que a estos niños les faltaba en recursos estaba, en cambio, lleno del amor y la fuerza de Dios. Yo misma pude verlo. En Estados Unidos pensamos que estas personas tienen tan poco, que son tan pobres, pero ellos mismos no lo ven así. Para ellos, lo que Dios les ha dado es suficiente, y están muy agradecidos por ello. Definitivamente cambió mi forma de apreciar las pequeñas alegrías de la vida y de reconocer que me fueron dadas por Dios.

Estas adorables niñas sostienen sus nuevos tesoros.

Victoria se convirtió en ingeniera voluntaria de luz y sonido para la iglesia. Puedo ver a ambas chicas yendo a otros viajes misioneros a corto plazo en el futuro. 

Aunque Ly y Sarin no mostraron signos de estrés, está claro que sus programas navideños anuales requieren mucho trabajo y mucho amor. Literalmente, se necesita un pueblo para cocinar 1.000 comidas, empaquetar 1.000 regalos y coordinar todo un programa. Sé que Ly y Sarin han dicho esto antes, pero realmente no podrían haber tenido éxito sin mucha oración, sin el apoyo financiero y físico del ejército de Dios en todo el mundo. He participado en la recaudación de fondos aquí en los Estados Unidos para este evento anual de Navidad en Camboya desde el inicio de este ministerio, y cada año el número de niños que asisten ha aumentado.  

Al principio nuestro objetivo era recaudar diez dólares por niño para cubrir el costo de un uniforme escolar, material de escuela y un pequeño almuerzo para cada uno de los niños. Creo que fue el segundo año cuando el número de niños que participaron aumentó a 300, y después perdimos prácticamente la cuenta. En el 2016, el año en que participamos, Ly y Sarin reportaron alrededor de 900 participantes. 

Mientras escribo este artículo, la iglesia LifeSong se está preparando para recaudar fondos para la Navidad de Camboya 2021. Con la situación de COVID, el plan del programa de Navidad para este año todavía no está claro, pero los Maks y su equipo ministerial siempre encuentran formas creativas de llegar a los niños y sus familias en las aldeas. Diez dólares (que equivalen a dos cafés de Starbucks) podrían ayudar a pagar el uniforme escolar de un niño, el material escolar suficiente para todo un año y una buena comida que los estudiantes puedan compartir con sus familias. Para muchos de ellos, este es su primer encuentro en el que han experimentado el amor de Dios. 

Dios está haciendo un trabajo increíble en Camboya. Me siento bendecida más allá de las palabras por haber visto este ministerio en progreso. Si alguna vez quieres participar a través de la oración o el apoyo financiero o si Dios te está llamando a estar en la primera línea, estoy segura de que Ly y Sarin te recibirían con el corazón abierto.

Para conocer más sobre el ministerio de los Maks o para hacer una donación, diríjase a: www.openbible.org/mission/global-outreach/missionaries

Sobre la Autora

Som Rasavanh vive en Ankeny (Iowa) y trabaja como Directora de Desarrollo de Aplicaciones Informáticas en ITS Inc. (SHAZAM). Ella y su familia son miembros de la Iglesia LifeSong de la Biblia Abierta en Des Moines, Iowa, desde hace mucho tiempo,  donde Som es actualmente miembro de la junta directiva. Som y su marido, Boun, tienen dos hijas, Victoria y Sarah. Victoria se trasladó fuera del estado por motivos de trabajo, pero encontrará que Boun y Sarah forman parte a menudo del equipo de alabanza los domingos.

Spanish

Un milagro de un jueves por la mañana

Published

on

Me desperté sin poder hablar. Tenía un tubo respiratorio en la garganta. Había máquinas alrededor de mi cama de hospital. Estaba desorientada, me habían intubado y yacía en una sala de la UCI sin recordar cómo había llegado hasta allí. Pero, curiosamente, no tenía miedo. En medio de aquel caos, Dios me concedió una paz inexplicable. 

Con gestos desesperados, pedí papel y lápiz para poder hacer dos preguntas: «¿Qué pasó?», «¿Y dónde está George?». 

El padre de mi hijo me explicó que había sufrido un grave accidente automovilístico. El automóvil quedó completamente destrozado. Me habían encontrado atrapada bajo el volante con graves lesiones faciales. 

La mañana del 22 de enero de 2026 había comenzado como cualquier otro jueves. Me preparé para ir al trabajo, puse a mi hijo George, de 18 meses, en su sillita del auto con el cinturón de seguridad y salí del garaje esperando que fuera un día normal. 

Pero acabó siendo todo menos un día cualquiera. 

Mi vecino, que había salido de casa a la misma hora que yo, me explicó más tarde lo que había pasado. Los dos conducíamos a unas quince millas por hora cuando el coche que yo manejaba perdió el control de repente. Todavía no sé por qué, y no recuerdo nada de ese momento. 

Por la gracia de Dios, George salió prácticamente ileso.  

Por la gracia de Dios, George salió prácticamente ileso.   

El parabrisas trasero se hizo añicos justo encima de él, pero los cristales no le causaron ningún daño gracias a la posición en la que quedó la sillita del auto. Todo el lado izquierdo trasero del vehículo quedó aplastado hacia dentro, pero George iba sentado en el asiento trasero derecho. Incluso ahora, solo puedo dar gracias a Dios por haberlo protegido. 

Me llevaron en ambulancia al hospital y me ingresaron en la UCI de Traumatología. Los médicos le dijeron a mi familia que había sufrido un traumatismo craneal grave que había provocado una hemorragia cerebral y otra interna en la zona abdominal. Entonces, comenzaron a preparar a mi familia para la posible pérdida de mi embarazo.  

Pero los médicos no conocían al Dios al que mi familia y yo servimos, ni sabían lo misericordioso que es. 

Pero los médicos no conocían al Dios al que mi familia y yo servimos, ni sabían lo misericordioso que es. 

Mi familia empezó a orar inmediatamente. Los miembros de mi iglesia, Templo de la Biblia Abierta de Homestead, comenzaron a llegar al hospital y, en poco tiempo, todo un ejército de personas intercedía por mí.  

Durante esos dos primeros días, entraba y salía del estado de conciencia, por lo que recuerdo muy poco. Pero hay un momento que permanece claro en mi mente: oí la canción I Surrender, de Hillsong Worship, sonando en mi habitación del hospital. La letra: «Con tu aliento Dios, sopla en mi interior, cumple Señor Tu voluntad en mí»,  
se quedó conmigo y me proporcionó una profunda sensación de consuelo en medio de todo lo que estaba sucediendo a mi alrededor. En ese momento, esas palabras se convirtieron en mi oración, mientras oraba en silencio: «Dejo esto en tus manos».  

Después de tres días en la UCI, me retiraron el tubo respiratorio sin complicaciones y empecé a mejorar notablemente. Las ecografías mostraban a un bebé feliz y moviéndose, y la hemorragia se había detenido. 

Al cuarto día, me trasladaron de la UCI a la unidad de cuidados intermedios, antes de pasar finalmente a la planta de medicina y cirugía. Los médicos comenzaron entonces a prepararme para una cirugía maxilofacial destinada a reconstruir mi rostro tras sufrir múltiples fracturas. 

El 30 de enero me sometí a una intervención quirúrgica de ocho horas. Por la gracia de Dios, la operación fue un éxito y, en una ecografía posterior, se confirmó que mi bebé aún no nacido seguía sano y en buen estado. El 3 de febrero, por fin me dieron el alta y pude volver a casa. 

Desde entonces, mi recuperación ha ido bien. Ahora estoy embarazada de veintiocho semanas y espero con ilusión la llegada de mi bebé. En cada momento aterrador, Dios me dio fuerzas y paz, y nunca dudé de su misericordia. 

Hoy soy un testimonio vivo de su gracia. 


Sobre la Autora

Thammy Castro vive en Miami, se dedica a la terapia conductual y pronto será madre de dos hijos. En su tiempo libre, le gusta viajar con su familia. Es miembro de la Iglesia Templo de la Biblia Abierta de Homestead, donde sus padres, José y María Castro, sirven como pastores.  

Continue Reading

Spanish

Criaturas, os doy vuestro ser

Published

on

Hace varios años, tuve una conversación reveladora con mi higienista dental. Mientras me hacía una entrevista sobre mi historial médico, Christy —para quien yo era una paciente nueva— fue sacando a relucir poco a poco los acontecimientos de los últimos siete años de mi vida. «Así que te mudaste a Los Ángeles después de tener a tu primer hijo y, luego, cuando estabas embarazada de gemelos, ¿te mudaste aquí, a Spokane?».  

Asentí con un «Ugnnnhhh» mientras tenía los dedos de su guante en la boca. 

«Vaya, gemelos, no me extraña que no hayas tenido tiempo para ir al dentista», dijo. 

(Claro, esa es la razón…) 

«¿Así que fue dos años después de tener a los gemelos cuando te enteraste de que tu hija era diabética?». Retiró las manos y esperó mi respuesta.   

«Ajá… Y luego, el año pasado fue cuando me operaron de la espalda», dije con cierta vergüenza, consciente de lo dramáticos que sonaban esos años de mi vida sobre el papel. 

«Vaya», dijo mientras me metía el aparato de rayos X en la boca, «has tenido una vida realmente genial».  

… cada vez que he superado la incomodidad, ha habido un momento rebosante de gloria al otro lado.

Qué regalo es la vida. En cada detalle de su caótica gloria, la vida no es más que un regalo, un beso en la frente del Padre que nos ama. Poquito a poco estoy aprendiendo a no desear borrar los capítulos de mi historia que yo no escribí. Tal y como me enseñó mi profesora de inglés de secundaria, estoy aprendiendo a no borrar nunca nada, porque nunca se sabe qué puede surgir de las frases de tu historia que, a primera vista, parecen indeseables.  

Me he dado cuenta de que muchas de las historias más significativas son aquellas que sus autores nunca habrían elegido por sí mismos. Esta verdad se hace patente a lo largo de este número de El mensaje de la Biblia abierta, donde una historia tras otra revela la hermosa obra de Dios a través de circunstancias que fueron todo menos fáciles. Si borrara todas las frases de mi propia historia que me causan incomodidad, no me quedaría nada significativo; mi vida sería una pila de hojas en blanco. Cada momento incómodo me llevó a descubrir la realidad: quién era yo realmente, quién era Dios realmente y de qué se trataba realmente la vida.  

Estoy aprendiendo a afrontar los momentos incómodos en lugar de huir de ellos, y aquí está la razón: cada vez que he superado la incomodidad, me he encontrado con un momento bañado en gloria al otro lado. El fuego, las olas, el viento… todo merece la pena y podemos atravesarlos sabiendo que Dios está con nosotros y nos espera al otro lado.  

Entonces Dios dijo: «Hagamos a los seres humanos a nuestra imagen, para que sean como nosotros. Ellos reinarán sobre los peces del mar, las aves del cielo, los animales domésticos, todos los animales salvajes de la tierra y los animales pequeños que corren por el suelo» (Génesis 1:26, NTV).

Nos volvemos más humanos, más nosotros mismos, después de haber sufrido un poco. Aunque el sufrimiento nunca formó parte del plan original de Dios, Él lo utiliza para restaurarnos según su diseño original para nosotros. A medida que el sufrimiento nos acerca más a Él, empezamos a parecernos más a la persona que Él quiso que fuéramos. ¿No es increíble que volvernos «más humanos» signifique, en el sentido más verdadero, volvernos más como Dios? Al fin y al cabo, los seres humanos fuimos creados originalmente a su imagen (Génesis 1:26). No podría haber mayor privilegio, ni regalo más dulce.  

Nos volvemos más humanos, más plenamente nosotros mismos, después de haber sufrido un poco.

Hay un pasaje en «El sobrino del mago» de la serie Las crónicas de Narnia, de C. S. Lewis, en el que Aslan, el león (el personaje que representa a Dios en la historia), acaba de dar vida a toda la creación, incluidas las que antes eran las «bestias mudas» de la tierra. Una vez que todos y todo han despertado a una nueva vida, Aslan dice algo extraordinario: «Criaturas, os doy vuestro ser» (capítulo 9). Esta frase, que por cierto me hace llorar cada vez que la leo, lo resume todo: Nuestro verdadero yo, diseñado por Dios, nos fue dado como un regalo. Al igual que Aslan, Dios da forma a nuestras vidas y nos las entrega sin reservas, plenamente seguro de su valor y suficiencia. Si Él está tan seguro del valor de este regalo, entonces oro para estarlo yo también. 

Aslan les recuerda a sus criaturas «los caparazones» de dónde proceden y, al hacerlo, les advierte que no vuelvan a ellos, que no renuncien a la vida vibrante y auténtica con la que él las ha bendecido. Este recordatorio de Aslan se ha convertido en mi oración. La vida auténtica que Dios me ha regalado vale todo lo que he tenido que pasar para conseguirla y no quiero renunciar a ella jamás. Que nunca vuelva al caparazón del que procedo. 

Aquí está, pues, mi vida, impregnada de sufrimiento y alegría, bendecida por Dios. Esta es mi historia, y me niego a menospreciarla.  


Sobre la autora

Hannah Bemis en la actualidad trabaja como editora y directora de El Mensaje de la Biblia Abierta. Siempre quiso hacer muchísimas cosas cuando fuera mayor, y Dios le ha permitido realizar la mayoría de ellas en diferentes etapas de su vida. Después de dedicarse a la crianza de los hijos, la enseñanza, la escritura y el trabajo pastoral, la aventura más reciente de Hannah y de su esposo Jordan ha sido la plantación de la iglesia College Street Church en Newberg, Oregón. Su pasión, además de Jesús y de todos sus seres queridos, la dedica en forma proporcional a la pizza y al chocolate negro.  

Continue Reading

Spanish

Ninguna oración se olvida:  El viaje de 60 años en busca de su hermano

Published

on

Ruth Brauer pasó décadas preguntándose por el hermano al que nunca llegó a conocer. Había nacido con síndrome de Down en la década de 1960 y se lo habían llevado sin dar muchas explicaciones, mientras que a ella le habían disuadido de hacer preguntas. Tras años buscando sin éxito, una serie de contactos que solo Dios podría haber orquestado la llevaron al reencuentro por el que había estado orando. Sesenta años después de su nacimiento, Ruth vio por fin a su hermano por primera vez.   

Era marzo de 1960. Ruth estaba a punto de cumplir siete años cuando nació su hermanito el 8 de marzo en el Hospital Metodista de Iowa. La ilusión de tener por fin un hermano junto a ella y sus tres hermanas se convirtió rápidamente en confusión, al no poder conocerlo. Más tarde, se enteró de que tenía síndrome de Down y de que los médicos aconsejaron a sus padres ingresarlo en el cercano Hospital Estatal de Woodward. 

La primera foto que Ruth recibió de su hermano, Alan.

«En los años sesenta, eso era lo que se hacía», comentó Ruth. «Pero sé que esa decisión destrozó a mis padres».  

Las preguntas sobre Alan fueron silenciadas. Ruth no sabía dónde él estaba ni siquiera su fecha de nacimiento exacta. act birth date. 

«Siempre pensaba en él, pero cada vez que formulaba preguntas, me metía en líos».  

Sin siquiera conocerlo, Ruth siempre se había sentido conectada con su hermano. Esa compasión marcó gran parte de su vida. En 2016, un amigo la invitó a la iglesia Journey Church y Ruth quedó especialmente conmovida por las actividades dirigidas a niños con necesidades especiales. Como peluquera, sus clientes favoritos eran personas con necesidades especiales y, además, fue voluntaria durante años en los Juegos Olímpicos Especiales de Des Moines. 

Ahí fue donde se produjo el primer avance.   

Un día, mantuvo una conversación más profunda con Ray, un compañero voluntario. Le comentó que había trabajado en el Hospital Estatal de Woodward desde 1959. Esto llamó inmediatamente la atención de Ruth. 

«¡Mi hermano estuvo allí en 1960! Su nombre era Alan Politsch». 

La reacción de Ray fue inmediata. Abrió bien los ojos y empezó a alejarse. 

«Espera, no te vayas ¿qué he dicho?», le gritó Ruth. 

Tenía la mano sobre la mesa y, de repente, él la estaba sosteniendo.

«No me permiten hablar contigo», respondió. «Tus padres me lo han prohibido». 

Sin embargo, ella insistió en que le diera un dato: Su fecha de nacimiento. 

«Por favor, mis padres han fallecido. Solo quiero encontrar a mi hermano».  

Antes de que acabara el día, Ray le dijo discretamente cuál era el mes y el día. Eso era suficiente para empezar, pero no suficiente para derribar el muro de las medidas de protección de la privacidad. Todos los hogares de acogida a los que se dirigió rechazaron su solicitud.  

Alan en un baile de graduación para jóvenes con necesidades especiales.

Pasaron los años.  

Entonces se abrió otra puerta, esta vez en un banco de alimentos. Ruth le contó su historia a un voluntario llamado Bob, quien se ofreció a ponerla en contacto con alguien del Departamento de Estado.   

«Puede que ni siquiera te llamen», le advirtió.  

Pero lo hicieron.   

La mujer que estaba al teléfono no se identificó, sino que se limitó a decir: «Bob me ha dicho que tenía que escuchar tu historia». Ruth le contó todo lo que sabía: nombres, fechas, lugares, historia familiar. Unas semanas más tarde, volvió a sonar el teléfono.  

—Hola, mi nombre es Michelle y soy la representante legal de Alan —afirmó la voz. 

Con lágrimas en los ojos, Ruth empezó a hablar. 

—No quiero quitarte nada. Solo quiero saber si está bien y, quizá, ver una foto suya. Y, algún día, tal vez conocerlo».  

Mientras hablaba, el celular de Ruth empezó a emitir un aviso. Michelle le estaba enviando fotos. 

La llamada se produjo en 2021, pero se tardaría casi dos años en ganarse la confianza suficiente para una visita. 

«Siempre sentí que él estaba cerca», dijo Ruth.  
«Simplemente no sabía que había estado a cinco millas de distancia toda mi vida». 

En agosto de 2023, Ruth fue invitada a una reunión del personal en el centro de atención de Alan. Mientras estaba sentada en la sala con otros nueve empleados que la miraban fijamente, Michelle entró con Alan y lo dirigió hasta el asiento que estaba justo al lado de Ruth.  

«No dejaba de mirarme, asintiendo con la cabeza y con una pequeña sonrisa torcida», dijo Ruth. «Tenía la mano sobre la mesa y, de repente, me la cogió». 

Una enfermera que observaba la escena a través del vídeo intervino: «Ya sabe que eres su hermana». 

El vínculo fue inmediato y mutuo.  

«Siempre sentí que él estaba cerca», dijo Ruth.  
«Simplemente no sabía que había estado a cinco millas de distancia toda mi vida». 

Alan en la fiesta de su 66 cumpleaños.

Desde ese día, han celebrado juntos los cumpleaños y las festividades.  

«Él es el mejor», dijo ella. «Me cabe perfectamente bajo el brazo, es pequeñito. Le encanta Papá Noel, el color rojo, la Coca-Cola y las gafas de sol».  

Sin embargo, el reencuentro también ha traído consigo una gran carga. Alan, que ahora tiene 66 años, está enfermo, y a Ruth le han pedido que ayude a organizar su funeral. 

«Acabo de encontrarlo», dijo. «Ahora estoy ayudando a organizar su funeral, pero es mío. Es mi hermanito menor… el que esperé tener desde los siete años». 

Mirando atrás, Ruth sigue descubriendo las huellas de Dios. Ray, quien le proporcionó por primera vez la fecha de nacimiento de Alan, más tarde le reveló que había sido su cuidador durante sus primeros dieciséis años de vida en el hospital. 

¿Qué probabilidades hay de que eso ocurra? 

Al preguntarle a Ruth qué le ha enseñado este viaje, no duda en responder: 

«Paciencia, perseverancia, oración y personas». Eso fue lo que se necesitó para encontrar a su hermano, y eso fue lo que el Señor le proporcionó a lo largo del camino.   

Algunas historias no se desarrollan rápidamente. Muchas de ellas llevan tiempo, y solo más tarde nos damos cuenta de cómo Dios estaba obrando en nuestra espera. La historia de Ruth nos sirve de recordatorio de que ninguna oración queda en el olvido, ninguna relación está fuera de nuestro alcance y que, incluso en los capítulos de la vida que parecen largos o monótonos, Dios sigue escribiendo.   


Sobre la autora

Hannah Bemis en la actualidad trabaja como editora y directora de El Mensaje de la Biblia Abierta. Siempre quiso hacer muchísimas cosas cuando fuera mayor, y Dios le ha permitido realizar la mayoría de ellas en diferentes etapas de su vida. Después de dedicarse a la crianza de los hijos, la enseñanza, la escritura y el trabajo pastoral, la aventura más reciente de Hannah y de su esposo Jordan ha sido la plantación de la iglesia College Street Church en Newberg, Oregón. Después de Jesús y de todos sus seres queridos, su pasión la dedica en forma proporcional a la pizza y al chocolate negro.  

Continue Reading

Follow Us

Subscribe to the Message