Connect with us

Featured Articles

En la espera 

Published

on

por Gary Khan 

Cuando tenía poco más de veinte años, Dios me dio una palabra y una visión de cuál era su destino para mí. Fue abrumador y convincente, y he pasado el resto de mi vida esperando que Él cumpla esa visión. Sin embargo, me elude. El tiempo avanza sigilosamente, y me parece estar parado, preguntándome cuándo veré el cumplimiento de esa promesa de Dios.   

¿Alguna vez se ha sentido así? Dios le pone una palabra en el corazón, una promesa para el futuro, y luego Él guarda silencio y parece que se ha olvidado de lo que dijo. Para mí, esto ha resultado en tormentas de dudas que arrecian dentro de mí. Esas dudas a veces me llevan a tomar decisiones precipitadas al decidir «ayudar» a Dios adelantándome a Él para cumplir su promesa. 

Abraham tuvo una experiencia similar. Dios le dijo que su descendencia sería tan numerosa como la arena del mar, cuando Abraham aún no había engendrado ni un solo hijo. Después de que Dios le diera esa palabra, transcurrieron décadas sin ver el cumplimiento. Abraham tuvo que vivir en la espera, y en ese tiempo de espera hizo algunas cosas que nosotros haríamos bien en evitar. La historia se encuentra en Génesis 15 y 16. 

Abraham dudó  

En el sentido literal de la palabra, Abraham hizo algunas decisiones importantes como resultado de la conversación de Dios con él, decisiones que parecían carecer de resultados inmediatos. 

Por un momento, pongámonos en la misma situación. Dios nos habla sobre un cambio importante en nuestra vida y luego guarda silencio. ¿Cuántos de nosotros le obedeceríamos de inmediato? O, ¿andaríamos de un lado a otro luchando con dudas sobre si realmente hemos oído a Dios? Ahora mismo, ¿cuántos de nosotros no estamos haciendo la mayor parte de lo que Él nos ha pedido que hagamos porque dudamos del resultado? 

Ya puedo oírlo. Algunos de ustedes están pensando: Pero Abraham es diferente. A él Dios se le apareció en persona, así que no debería haber dudado. Yo no recibo visitas personales de Dios. 

Quizá no recibamos una visita personal como la tuvo Abraham, pero hoy tenemos al Espíritu Santo de Dios. Él vive en nosotros y está con nosotros, guiándonos y conduciéndonos a toda verdad. Por otro lado, imagine por un momento que él recibió una visitación de Dios, pero luego tuvo que caminar día tras día ante la realidad de que lo que Dios le dijo que pasaría no ha sucedido a pesar de que han pasado años de espera y varios intentos de cumplir Su promesa. En esos momentos del «día tras día», las dudas comienzan a visitar, haciendo afirmaciones que ponen en duda las promesas de Dios. 

¿Realmente escuché a Dios, o fue la pizza que comí esa noche?  

En serio, sé que Dios puede hacer cualquier cosa, pero ¿haría eso por mí? No soy tan especial. Tal vez estoy haciendo algo mal. Recuerde, «Dios ayuda a los que se ayudan a sí mismos», así que, si quiero ver que esto suceda, entonces tengo que hacer que suceda. 

Debemos aprender a prever a esas dudas. Si usted es como yo, desea que Dios le reafirme en todo momento hasta el cumplimiento de la promesa, y después quiere que le siga reafirmando que todo va por buen camino. Queremos una seguridad constante, pero Dios quiere que confiemos en Él. La necesidad de una seguridad permanente no fortalece nuestra fe en Él.    
 

Cómo lidiar con la duda mientras espera 

La táctica probada del enemigo es poner en duda lo que Dios nos ha dicho. Es un truco tan antiguo como el tiempo. En Génesis le preguntó a Eva: 

¿De veras Dios les dijo que no deben comer del fruto de ninguno de los árboles del huerto? (Génesis 3:1, NTV). 

Debemos reconocer esta táctica y estar preparados para confrontarla. En el Nuevo Testamento, Santiago dice a los cristianos que podemos vencer a Satanás y su artimaña de la duda: 

Así que sométanse a Dios. Resistan al diablo, y él huirá de ustedes. (Santiago 4:7, NVI). 

Someterse y resistir. Nos sometemos creyendo en la Palabra de Dios, y resistimos permaneciendo en esa Palabra en fe y declarándola sobre nuestras vidas. Nosotros resistimos cuando vivimos en la realidad de lo que Dios ha hablado en lugar de reaccionar a las dudas que Satanás está susurrando. Podemos vencer la duda, y la manera de hacerlo es recordándonos a nosotros mismos y al enemigo la Palabra de Dios que nos ha dado. 

Cuando Abraham y Sara se vieron asediados por las dudas que surgieron a causa del silencio de Dios, habrían hecho bien en recordar lo que Dios les había dicho. Se habrían ahorrado muchos problemas y angustias. Lo mismo vale para nosotros. El enemigo busca robar, matar y destruir la obra de Dios en nosotros, pero Dios ha prometido que Su Palabra no volverá vacía. ¿Cómo podemos recordar las preciosas promesas de Dios? 

  • Memorice Su Palabra y repítala cuando sea necesario.  
  • Léela con frecuencia y aférrese a Sus promesas. Él cumplirá lo que nos ha prometido en su Palabra. 

Las dudas continuarán apareciendo, una tras otra. La persistencia del enemigo, combinada con la aparente lentitud de Dios y su silencio, nos conduce a una encrucijada en la que muchos de nosotros actuamos en base de nuestras dudas en lugar de apoyarnos en las promesas de Dios. Eso nunca acaba bien. 

Si confiamos más en nuestros planes que en los de Dios, nos enfrentaremos con estas situaciones:

  • Nunca podremos ver el panorama general como lo hace Dios.
    Dios no está limitado por el tiempo ni por el espacio y ve cómo cada cosa pequeña afecta al panorama general; nosotros nunca podremos hacer eso. Cuando optamos por confiar en nuestros planes en lugar de los planes de Dios, corremos enormes riesgos. Puede que seamos capaces de planificar tres pasos por delante de nosotros, pero incluso eso está plagado de problemas porque nunca podemos predecir cómo puede reaccionar una persona ante algo que hacemos, y no sabemos qué ocurrirá en el panorama general de las cosas.   
  • Nuestras motivaciones se convierten en un problema.   
    Cuando Dios planifica, está creando una obra maestra que será para el bien de toda la humanidad. Cuando nosotros planeamos, normalmente nos preocupamos por nosotros mismos y por conseguir lo que queremos. Basta con mirar lo que sucedió con Abraham, Sara, Agar e Ismael. 

    A Sara no le preocupaba el plan grandioso de Dios de traer la salvación al mundo a través de Abraham. Su motivación para tener un hijo era liberarse del estigma de no poder darle un hijo a su marido. Cuando le pareció que Dios tardaba demasiado, ideó un plan para tener ese hijo a través de un vientre subrogado. Agar era su sierva, así que estaba con Sara todo el tiempo. Agar probablemente vio la tristeza de Sara y la escuchó mientras sollozaba y se quejaba de que no podía darle un hijo a su marido. No sé de quién fue la idea, si de Sara o de Agar, pero sea como fuere, puedo afirmar que Sara no pensaba en el bienestar de Agar. Simplemente la veía como un medio para alcanzar su fin.

    Uno de los problemas que surge cuando dudamos es que, en lugar de confiar en el tiempo de Dios, nos adelantamos y utilizamos a la gente que nos rodea «en nombre de Dios», dejando tras nosotros una senda de destrucción y quebranto. 
  • Las personas no siempre responden de la manera que esperamos o como prometieron que lo harían.  
    Agar pudo haberle dicho a Sara que haría esto como su amiga y sierva. Puede que tuviera buenas intenciones. Cuando yo era niño y escuchaba esta historia, simplemente suponía que Agar se había quedado embarazada tras una aventura de una noche. Pero la realidad es que Abraham probablemente se acercó a Agar más de una vez, y cuando Agar empezó a tener relaciones sexuales con Abraham, las cosas cambiaron. Siempre sucede así cuando se empieza a tener relaciones sexuales, porque Dios lo hizo así.

    Cuando Agar descubrió que estaba embarazada, las cosas cambiaron aún más. Empezó a creer que ahora significaría más para Abraham y para Sara. Pero la triste realidad es que, ante los ojos de Abraham y Sara, Agar siempre fue la esclava, un simple medio para un fin.

    No sólo Agar no respondió como estaba previsto, sino que Sara tampoco reaccionó como ella pensaba. Sara no pudo predecir que se volvería sumamente celosa de Agar. Ella miraba cada noche como Abraham se iba con Agar. Con el tiempo empezó a afectarle, por muy ilustrada que se creyera. Seguía diciéndose a sí misma que era por una causa mayor, pero supongo que algo también cambió en la relación entre ella y Agar. Agar probablemente empezó a actuar menos como una esclava y más como un miembro de la familia con derechos. Probablemente empezó a usar un lenguaje más familiar con Sara, y Sara empezó a sentirse insegura y celosa. 

    «¿Quién se ha creído que es esta muchacha? ¡Abraham es mi marido! ¡Ella tiene que recordar cuál es su lugar!». 

    Cuando Agar descubrió que estaba embarazada, es posible que Sara pensara: «Debería estar contenta, pero no lo estoy. Estoy enfadada porque esta mujer me está robando lo que debería ser mío, la odio».

    Estos no son los sentimientos que Sara pensó que tendría cuando trazó el plan para realizar el trabajo que le correspondía a Dios, pero ese es el problema. Somos demasiado miopes para ser el Planificador Maestro.    
  • Nuestras malas decisiones le dan mala fama a Dios. 
    Después de que Agar diera a luz a su hijo, Sara se puso celosa y empezó a tratarla mal. Me pregunto cómo veía entonces Agar al Dios de Sara. Después de todo, Sara debe haber hablado del Todopoderoso como alguien amoroso y bondadoso, alguien que protege y provee para aquellos que lo siguen. Sin embargo, aquí estaba Sara tratando a Agar con desprecio y antipatía. La gente a menudo determina el carácter de Dios basándose en la forma en que sus seguidores los tratamos.  

    Uno de mis mejores amigos tenía un cartel en su cocina que decía: «¡Si mamá no es feliz, nadie es feliz!». Esas palabras son ciertas, y Abraham lo comprobó. Sara exigió que Agar e Ismael se marcharan porque no quería a «esa mujer» y a «ese chico» cerca de su precioso Isaac. Le hizo la vida imposible a Abraham. Finalmente, él cedió a regañadientes y despidió a Agar e Ismael. Lo loco es que Dios estuvo de acuerdo con la conclusión de Sara (tal vez no con sus acciones) y le dijo a Abraham que los enviara lejos. Especulemos un poco comprendiendo un poco la naturaleza humana.   

    Abraham, angustiado por tener que despedir a Ismael, tuvo una conversación con él:

    «Hijo, realmente no quiero hacer esto, pero ya conoces a Sara. Me va a hacer la vida imposible. La verdad es que la aguantaría, pero Dios me dijo que te enviara lejos, así que debo hacerlo».  

    ¿Cuál crees que era la impresión que Agar e Ismael tenían de Dios? Creo que creerían que Él no se preocupaba por ellos. Lo verían como mezquino y vengativo, poco amable y manipulador. 

Han transcurrido treinta años desde aquella palabra que Dios me dio acerca de mi destino. He cometido muchos de los errores que cometió Abraham, pero he aquí la buena noticia: Las promesas que Dios nos hace son inquebrantables. Él hará lo que dice que hará. Así que mientras esperamos, confíe en que Él cumplirá lo que dijo que haría. Resista la duda que el enemigo provoca y que nos hace querer adelantarnos o rendirnos por completo. Abraham pudo haber dudado y haber dado algunos pasos en falso en el camino, pero afortunadamente corrigió su curso, y Dios fue fiel en cumplir su Palabra.   

Sobre el Autor

Gary Khan

Gary Khan fue pastor durante 32 años de la Iglesia de la Biblia Abierta Desert Streams en Santa Clarita, California.  Actualmente es director ejecutivo de operaciones de Marketplace Chaplains en el sur de California. También forma parte de la Junta Directiva Nacional de La Biblia Abierta y es director del distrito Sur de California/Arizona/Hawaii. Gary es autor de los devocionales Greater (Cosas Mayores) y Reset (Reinicio), así como de su libro de próxima publicación, That Didn’t Go the Way I Thought: Navigating the Ups and Downs of Our Journey of Faith (Esto no salió como yo pensaba: Cómo navegar por los altibajos de nuestro camino de fe).  El mayor logro y alegría de Gary es ser esposo de DeLaine desde hace 32 años y ser el padre de tres hijos increíbles (dos biológicos y uno «adoptado»). 

Featured Articles

The Church I See

Published

on

There has been much discussion about the future of the Church. While I’m not a futurist or researcher, I’m grateful for voices that help us think wisely about pursuing the mission of the Church in an ever-changing culture. Researchers like Ed Stetzer and Carey Nieuwhof highlight some encouraging trends, such as revivals on college campuses, rising Bible sales, and Gen Z’s hunger for authentic faith.

I carry deep conviction and a faith-filled anticipation about what I see and am praying for. When I think about the Church and the days ahead, I don’t see a Church in retreat, but I do see a Church being refined  – prepared for what God is getting ready to do. A victorious and glorious Church (Eph. 5:27).

Jesus said, “I will build my church, and the gates of hell shall not prevail against it” (Matt. 16:18 ESV). That promise has no expiration date. Jesus is still building His Church today.

As the church advances, it will not stand on programs, buildings, or production. . . it will be built on the authority of Christ and the power of the Holy Spirit.

Across the body of Christ, there is a growing recognition that the future of the Church will not be built by addition alone, but by multiplication. Disciples will make disciples, leaders will develop and release leaders, and churches will plant churches. There are many voices helping to bring clarity to this, and we are seeing that same conviction take shape within Open Bible through our Mission to Multiply and the Power of We.

So, when I think about the Church and what is ahead of us, what do I see?

We often measure success by attendance, budgets, and programs. While salvations and baptisms remain central, we must expand the scorecard. As Larry Walkemeyer describes in The River Church, we must move from “lake churches” that gather to “river churches” that send – becoming disciple makers who multiply.

The book of Acts shows us a model of a church that did not just meet but multiplied. The future will not belong to churches that simply gather a crowd, but it will belong to churches that make and send disciple makers. Jesus did not commission us to build an audience. He commanded us to go and make disciples (Matt. 28:19). Multiplication begins there – in intentional, relational, Spirit-led disciple making.

Multiplication is not just a strategy or a motto we adopt. It is the culture of Spirit-empowered, disciple-making churches. The Church I see measures health not only by attendance, but by how many are discipled, equipped, and sent to reproduce what’s been invested in them. This is our Mission to Multiply.

I SEE A SPIRIT-EMPOWERED CHURCH

We live in a time of rapid change. Technology, AI, and social media shape how we communicate and connect. These tools can be helpful, but they don’t transform lives. The Holy Spirit does. 

These tools can be helpful, but they don’t transform lives. The Holy Spirit does. 

Pentecost was Heaven’s defining moment for the birth of the Church and the fulfillment of what Jesus said in Acts 1:8. The early followers of Jesus did not have the influence, resources, or tools we have today. What they had was the power of God. That has not changed!

In the days ahead, more than ever, the Church will move forward not through innovation alone but through consecration. The church I see is unapologetically dependent on the Spirit of God.

I SEE A COURAGEOUS CHURCH

In the book of Acts, every step forward required courage – Peter and John before the Sanhedrin, Stephen in the face of death, Peter going to Cornelius’s home, the sending out of Paul and Barnabas. These were not small steps; they were courageous steps across cultural and spiritual boundaries. The early Church moved from gathering to going, from addition to multiplication. The expansion of the early Church was not accidental. It followed obedience and courage.

The Church I see will walk in that same Spirit.

Courage to preach the truth in love.
Courage to plant in hard places.
Courage to raise and release the next generation.
Courage to choose multiplication over comfort.
Courage to link arms with others for the sake of the greater mission.
Courage to build the Kingdom over our own castles.

We can stand on His promise and by His Spirit knowing “God has not given us a spirit of fear but of power and of love and of a sound mind” (2 Tim. 1:7 NKJV).

I SEE THE POWER OF WE

As we look forward, one of the strongest convictions I carry is this: our future will be stronger through the Power of We.

Individualism limits impact; partnership multiplies it. When we share vision, develop leaders, and align around mission, we step into something far greater than any one church could accomplish alone.  I believe the future Church will not thrive through isolation but will flourish through collaboration. The church I see understands that “we” is stronger than “me.”

When we share vision, develop leaders, and align around mission, we step into something far greater than any one church could accomplish alone.

I am confident in what God has called us to:

The church that makes disciple makers will multiply.

The church that depends on the Holy Spirit will endure.

The church that walks in courage will advance. This is the church I see, and I believe we are being invited to build it together.


About the Author

Michael Nortune serves as president of Open Bible Churches. He has ministered in the local church faithfully for thirty-five years. From his start as a janitor and groundskeeper to church planter and lead pastor of Life Church in Concord, California, Michael has had the opportunity to gain experience in every capacity within the church throughout his ministry. Not only does he have hands-on experience on the local level, but Michael has also led at the district, regional, and national levels within Open Bible Churches. Michael and his wife, Julie, currently reside in Colorado and love living near five of their six children and their spouses. They also treasure the time they spend with their other daughter who lives in Alabama with their first (but not the last) grandson!

Continue Reading

Featured Articles

Reopening the Old Wells: Bringing Ancient Liturgy to the Modern Age

Published

on

Isaac dug out again the wells that were dug during the lifetime of his father Abraham. The Philistines had closed them up after Abraham’s death. Isaac gave them the same names his father had given them. Isaac’s servants dug wells in the valley and found a well there with fresh water. (Genesis 26:18-19 CEB).

I came to faith as a teenager and had very few church experiences up to that point. My earliest formation as a Christ follower took place within Open Bible church settings, where I found deep community and meaningful spiritual experiences that I continue to value. At the same time, as in many modern evangelical churches, there was limited exposure to the ancient liturgies and historic practices of the wider Church.

A worship service at Cove Church, Pastor Aaron’s church in Eugene, Oregon.

These traditional cornerstones that were foundational to ecclesial life for millennia had been almost eliminated in the churches I attended. It seemed to me that these practices were at best met with ignorance and at worst with grave suspicion. The predictable result was that any real understanding and appreciation for ancient liturgical practices was absent from the first two decades of my church life. I rarely thought about things like Ash Wednesday services, the Book of Common Prayer, and Advent, and if I did, it was with a healthy side dish of uninformed judgment. I viewed Lent the same way I viewed lentils: it was a cold and exotic experience that was both frightening to prepare and painful to consume.

I viewed Lent the same way I viewed lentils: it was a cold and exotic experience that was both frightening to prepare and painful to consume.

This was my context as a few of our church staff began asking whether we could introduce some of these ancient practices into our church worship experience. As you might imagine given my church background, it took me a while to warm up to the idea. I began a process of asking questions, listening, and learning, even reaching out to an Anglican priest friend to hear his take on the value of these long-held traditions. Through all this, Christ in His goodness and patience has allowed us now to incorporate many of these practices into our regular church experience. As a result, I am happy to report that we are experiencing wonderful depth and meaning in our gatherings as we’ve adopted and applied some of these long-proven elements of discipleship.

Our time of worship now always includes the public reading of a Psalm (a practice we have adopted from the Book of Common Prayer) to bring us back to the ancient hymn book of Israel. We have a fresh understanding of what it is to give up something physical in order to gain something spiritual as we fast in the forty days of Lent. Christmas time and the lighting of Advent candles help us celebrate Christ’s first arrival while reminding us to await His second arrival. And Ash Wednesday, with its outward sign of repentance and mortality, leads us to humble ourselves before God, understanding how desperately we need His saving grace. Finally, the celebration of life on Easter Sunday has far greater meaning now because it is preceded by the sobriety of the death we remember on Good Friday.

This is not to say that incorporating these elements has always been smooth. We’ve learned to introduce them slowly and with great attention to the “why” behind the “what.” Along the way, we’ve had our share of growth opportunities and mishaps. One example happened early on in our journey, when we tried to introduce some ancient call and response types of prayers. The practice led several people to worry that we had become a completely different kind of church. We haven’t yet reintroduced those prayers in our services.

We have found that moving slowly and consistently, explaining the meaning of the practices, and laughing at ourselves through our failed attempts have been the key ingredients to discovering the power of these ancient gifts.

Another example took place during last year’s Ash Wednesday service. During this type of service, ash is used to mark the sign of a cross on each believer’s forehead. This marking symbolizes our own mortality and repentance, as we take up our cross and turn from our sins. Well, our beloved worship leader wanted to add scent to the ashes to create a fuller sensory experience. To do so, he incorporated essential oils, including cinnamon, into the ashes. Little did any of us know that undiluted cinnamon oil burns on the skin. Talk about your full sensory experience. All of us in the service sat wondering what it reveals about our spiritual condition if the ash cross on our forehead feels like it’s on fire. There was a great sigh of relief when our executive pastor let people know what had happened, and a mad dash to the bathrooms ensued as people quickly washed away the painful marker. The next Sunday I formally apologized for turning their Ash Wednesday into a Rash Wednesday.

In these moments and more, we have found that moving slowly and consistently, explaining the meaning of the practices, and laughing at ourselves through our failed attempts have been the key ingredients to discovering the power of these ancient gifts. Just as Isaac reopened the ancient wells of his father to discover pure water, we too can rediscover the meaning of these ancient practices in our churches and experience their fresh water again.


About the Author

Aaron Sutherland is the founding pastor of Cove Church in Eugene, Oregon, and the Director of Multiplication for Pacific Region Open Bible. Along with his wife, Paula, he finds great joy in watching God reveal the new stories being written into the lives of people from every corner of the world.

Continue Reading

Featured Articles

Reabriendo los pozos viejos: Llevar la liturgia antigua a la era moderna

Published

on

Y volvió a abrir Isaac los pozos de agua que habían abierto en los días de Abraham su padre, y que los filisteos habían cegado después de la muerte de Abraham; y los llamó por los nombres que su padre los había llamado.  Pero cuando los siervos de Isaac cavaron en el valle, y hallaron allí un pozo de aguas vivas. (Génesis 26:18-19, RVR-1960).

Me convertí al cristianismo en la adolescencia y, hasta ese momento, había tenido muy pocas experiencias en la iglesia. Mi formación inicial como seguidor de Cristo tuvo lugar en la iglesia de la Biblia Abierta, donde encontré una comunidad profunda y experiencias espirituales significativas que sigo valorando. Al mismo tiempo, como en muchas iglesias evangélicas modernas, el contacto con las antiguas liturgias y prácticas de la Iglesia en general era limitado.

Un servicio de adoración en Cove Church, la iglesia del pastor Aaron en Eugene, Oregon.

Estos pilares tradicionales, que durante milenios habían sido fundamentales para la vida de la Iglesia, habían sido prácticamente eliminados de las iglesias a las que asistía. Me parecía que, en el mejor de los casos, estas prácticas se ignoraban y, en el peor, se miraban con gran recelo. El resultado previsible fue que, durante las dos primeras décadas de mi vida eclesiástica, no llegué a conocer ni a apreciar realmente estas antiguas prácticas litúrgicas. Rara vez pensaba en cosas como los servicios del Miércoles de Ceniza, el Libro de Oración Común y el Adviento, y, si lo hacía, era con una buena dosis de prejuicios. Veía la Cuaresma de la misma manera que veía las lentejas: una experiencia fría y exótica que daba miedo preparar y era dolorosa de consumir.

Veía la Cuaresma de la misma manera que veía las lentejas: una experiencia fría y exótica que daba miedo preparar y era dolorosa de consumir.

Este era mi contexto cuando algunos miembros del personal de nuestra iglesia comenzaron a preguntar si podríamos incorporar algunas de estas prácticas antiguas en nuestra experiencia de adoración en la iglesia. Como se pueden imaginar, dada mi formación eclesiástica, me llevó un tiempo aceptar la idea. Empecé a hacer preguntas, a escuchar y a aprender. Incluso me puse en contacto con un amigo sacerdote anglicano para conocer su opinión sobre el valor de estas tradiciones tan arraigadas. A través de todo esto, Cristo, en su bondad y paciencia, nos ha permitido ahora incorporar muchas de estas prácticas en nuestra experiencia eclesiástica habitual. Me complace informar de que nuestras reuniones tienen ahora una profundidad y un significado maravillosos en nuestras reuniones, ya que hemos adoptado y aplicado algunos de estos elementos del discipulado que han demostrado su eficacia con el paso del tiempo.

Ahora, nuestro tiempo de adoración siempre incluye la lectura pública de un salmo (una práctica que hemos adoptado del Libro de Oración Común) que nos transporta al antiguo himnario de Israel. Tenemos una nueva comprensión de lo que significa renunciar a algo material o para ganar algo espiritual mientras ayunamos durante los cuarenta días de Cuaresma. La época navideña y la ceremonia de encender las velas de Adviento nos ayudan a celebrar la primera Venida de Cristo, y a recordar que debemos esperar su segunda venida. Y el Miércoles de Ceniza, con su signo externo de arrepentimiento y mortalidad, nos invita a humillarnos ante Dios, y a reconocer cuán desesperadamente necesitamos su gracia salvadora. Por último, la celebración de la vida el Domingo de Pascua tiene ahora un significado mucho mayor, ya que va precedida de la sobriedad de la muerte que recordamos el Viernes Santo.

Esto no quiere decir que la incorporación de estos elementos siempre haya sido fácil. Hemos aprendido a introducirlos poco a poco, prestando mucha atención al «porqué» detrás del «qué». A lo largo del camino, hemos tenido nuestras oportunidades de crecimiento y nuestros contratiempos. Un ejemplo ocurrió al principio de nuestro camino, cuando intentamos introducir algunas oraciones antiguas de llamada y respuesta. La práctica llevó a varias personas a preocuparse de que nos hubiéramos convertido en un tipo de iglesia completamente diferente. Todavía no hemos reintroducido esas oraciones en nuestros servicios.

Hemos descubierto que movernos lenta y consistentemente, explicar el significado de las prácticas y reírnos de nosotros mismos a través de nuestros intentos fallidos han sido los ingredientes clave para descubrir el poder de estos antiguos dones.

Otro ejemplo ocurrió durante el servicio del Miércoles de Ceniza del año pasado. En este tipo de servicio, se utiliza ceniza para trazar una cruz en la frente de cada creyente. Esta marca simboliza nuestra propia mortalidad y arrepentimiento, y representa el momento en que tomamos nuestra cruz y nos apartamos de nuestros pecados. Bueno, nuestro querido líder de adoración quiso añadir aroma a las cenizas para crear una experiencia sensorial más completa. Para ello, añadió aceites esenciales, entre ellos canela, a las cenizas. Ninguno de nosotros sabía que el aceite de canela sin diluir quema la piel. Hablando de una experiencia sensorial completa… Todos los que estábamos en el servicio nos sentamos preguntándonos qué revelaba acerca de nuestra condición espiritual el hecho de que la cruz de ceniza de nuestra frente pareciera estar ardiendo. Hubo un gran suspiro de alivio cuando nuestro pastor ejecutivo informó a la gente de lo que había sucedido, y se produjo una carrera loca hacia los baños para lavarse rápidamente la dolorosa marca. Al domingo siguiente me disculpé formalmente por haber convertido su Miércoles de Ceniza en un Miércoles de Erupción.

En este y en otros momentos, hemos descubierto que avanzar lentamente y con constancia, explicar el significado de las prácticas y reírnos de nosotros mismos ante nuestros intentos fallidos han sido los ingredientes clave para descubrir el poder de estos antiguos legados. Al igual que Isaac reabrió los antiguos pozos de su padre para encontrar agua pura, nosotros también podemos redescubrir el significado de estas antiguas prácticas en nuestras iglesias y volver a experimentar su agua fresca

.


Sobre el autor

Aaron Sutherland es el pastor fundador de la iglesia Cove Church en Eugene, Oregón, y director de Multiplicación de la región del Pacífico de la Biblia Abierta. Junto con su esposa, Paula, disfruta ver cómo Dios escribe nuevas historias en la vida de personas de todo el mundo.

Continue Reading

Follow Us

Subscribe to the Message