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No teman

por Sarah Holsapple

No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo (Lucas 2:10, RVR1960). 

A medida que las fiestas se acercan rápidamente, recuerdo que mucho de lo que sucedió durante esos momentos cruciales en la narrativa del nacimiento de la Navidad dependió de la confianza y el valor de las personas mencionadas. Dios tenía una tarea grandiosa para cada una de ellas; sus vidas estaban a punto de cambiar para siempre, y su decisión de apoyarse en la fe en lugar del temor es evidente. Imagínese si hubieran dejado que el miedo los superara. ¿Qué pasaría si hubieran dado marcha atrás, dudado o no hubieran llevado a cabo lo que Dios quería que hicieran?

Solo ponga atención cómo María eligió responder cuando recibió por primera vez la sorprendente y estresante noticia de haber sido escogida para ser la madre del Mesías:  

Entonces dijo María: “Mi alma glorifica al Señor, y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador” (Lucas 1:46-47, NVI) 

Sarah con su hija, Lynnley

Al igual que María, nosotros también somos seres humanos frágiles que intentamos confiar en Dios a pesar de nuestra inclinación hacia el temor. María fue bendecida porque creyó. Ella fue testigo de una promesa cumplida porque escogió la fe en lugar del temor durante una etapa muy peculiar de su vida. 

El mensaje del Señor para nosotros hoy, es el mismo que envió hace mucho tiempo a través de Sus ángeles: “No teman”. 

¿No le parece incredible cómo la vida puede estar avanzando, y de repente: ¡PUM!, una pérdida, una traición, una decisión difícil, o surge un problema de salud? A pesar de que pasamos por miles de transiciones en nuestras vidas, somos soprendidos y nos preguntamos qué está pasando. En los últimos seis meses he tenido muchas oportunidades de temer por tener que atravesar bastantes eventos, cirugías y procedimientos que cambiaron mi vida, todos con resultados inciertos: un virus desconocido que creó una pandemia que cerró la iglesia como la conocemos, una obstrucción renal que requirió una cirugía de emergencia durante el apogeo de la pandemia, un procedimiento para extirpar un tumor bastante grande que afortunadamente, no era canceroso. Además, una cirugía para reparar una fractura de la tibia y el peroné, lo que requirió estar confinada a una silla de ruedas y necesitar asistencia con cada detalle de mis actividades diarias, y luego, un huracán sin salida al mar con vientos en línea recta de más de 100 millas por hora que impactaron en forma catastrófica cada parte de nuestra ciudad. 

Tuve momentos en los que la duda llenó mi cabeza y el temor invadió mi corazón entretanto que el control y la independencia personal estaban siendo arrebatados de mí rápidamente. Es difícil admitir que a veces no podía sentir o ver a Dios obrando. ¿Cómo se suponía que debía confiar cuando no sabía si Él aparecería? ¿Y si Su idea de “salir adelante” fuera diferente a la mía? Todos hemos pasado por momentos en los que parece que las oraciones quedan sin respuesta y el tiempo se llena de dolor e incertidumbre marcado por la pérdida, la presión y la tentación de huir. Durante esas épocas es fácil agotarse.  

Sarah con su hijo, Hudson.

Creo que el temor es un arma esencial en el arsenal del enemigo que usa a menudo en el conflicto de la vida, para que perdamos fuerzas. Nuestro enemigo implacable nunca pierde la oportunidad de robar nuestra paz, matar nuestra confianza y, en última instancia, destruir nuestra fe. Usted verá, el único poder que posee el temor es el que le damos. En tiempos de crisis comenzamos a entregar en forma voluntaria nuestra paz. La rendimos, la abandonamos. Sin embargo, nadie puede quitarle la paz. Usted la entrega. Y como tal, USTED es el único que puede recuperarla. 

Durante este periodo difícil, recurrí a la Palabra y a la oración, y encontré un lugar privado donde podía clamar al Señor. Aprendí a dejar que Su Espíritu fluya a través de mí y llene de paz mi mente y corazón. La intimidad con Dios me ha sorprendido. Rápidamente aprendí que el temor se convirtió en el sentimiento que señaló las áreas de mi mente y de mi corazón que no estaban alineadas con la verdad de Dios. Estaba aprendiendo a confiar en Dios en cada área de mi vida, no solo en las fáciles. 

Aunque clamaba al Señor para que sanara las cosas que descubrí en lo externo, Él ya estaba comenzando una sanidad milagrosa por dentro, podando con tijeras de amor, eliminando los pensamientos negativos y las formas de pensar nocivas. 

“No teman” es una orden un consuelo que se encuentra a través de toda la Biblia, incluso en la narración del nacimiento de la Navidad. No teman. Si el llamado es a «no temer», debe ser porque tendemos a temer. 

Algunos de los daños causados por la tormenta llamado “derecho” en Cedar Rapids, Iowa.

Estoy tan agradecida de que Jesús haya venido a establecer la paz; Su mensaje explicaba la paz, su muerte compró la paz y su resurrección permitió la paz. Su nombre es el “Príncipe de la Paz”. También fue el primer atributo que se dijo de Él, la primera declaración de su vida: “¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!” (Lucas 2:14, RVR60). Justo antes de ser crucificado, dijo a sus discípulos: “La paz os dejo, mi paz os doy” (Juan 14:27). Él pagó un precio enorme por nosotros para poder experimentar esta paz.  

En la vida encontramos que el temor nunca tiene que ser invitado. El temor se presenta rápidamente cuando las cosas son difíciles e inciertas. Pero la paz llega cuando invitamos a Jesús con valentía a nuestra situación. La paz no es solo un escena prístina, un lugar sin ruidos ni dificultades; no es solo un sentimiento. La paz es la práctica de realinear nuestros pensamientos y caminos con los de Él. Proviene de un corazón firme y confiado. 

Servimos a un Dios que se encuentra con nosotros en el caos, el único que es suficientemente grande como para tomar todas las desgracias y preguntas de la vida y convertirlas en paz, Su paz. La paz verdadera y duradera no es un lugar ni un sentimiento. La paz es una persona.

Acudamos al que dijo: «No teman», y seamos testigos del cumplimiento de las promesas debido a que hemos elegido la fe en lugar del miedo. 

Esperamos confiados en el Señor; él es nuestro socorro y nuestro escudo.En él se regocija nuestro corazón, porque confiamos en su santo nombre” (Salmo 33:20-21, NVI). 

Sobre la autora


Sarah y su esposo, Harris, son pastores principales de la Primera Iglesia de la Biblia Abierta en Cedar Rapids, Iowa. Han estado casados durante 16 años y tienen dos hijos increíbles que llenan su casa de alegría: Hudson, de siete años, y Lynnley, de cuatro. 

Además de servir como Directora de Desarrollo Creativo y Espiritual en la Primera Iglesia, Sarah también es Directora del Ministerio de Mujeres en la Región Central para las Iglesias de Biblia Abierta. Le apasiona enseñar la Biblia y el discipulado.

 

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